Opinión
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Extrarradio

La segunda fase del cubrimiento de la acequia de Juslibol (300.000 euros), en la avenida de Zaragoza, todavía tendrá que esperar.
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Oliver Duch

Me gusta correr por las afueras. Por los caminos que se alejan de la ciudad, al final del barrio, donde acaban las casas y empieza el campo, más allá de las vías, entre ríos, huertas, solares y desguaces. Me gusta, por ejemplo, tomar el camino del soto hacia la Alfranca, el Ebro a un lado y el perfil de la ciudad que se aleja por el otro. 

A veces corro sola y otras acompañada, con una amiga arreglo el mundo, hablamos de los hijos, de la educación, de los cuidados. Otras veces voy por la ribera del Gállego desde la desembocadura hacia Santa Isabel, cruzo el puente de madera y sigo más allá, pensando en mis cosas, en las noticias del día, en los recados pendientes. En primavera, cuando alargue la tarde, retomaré uno de mis caminos preferidos para correr: por los montes de Juslibol. Los atardeceres más bonitos de Zaragoza se ven desde el puente de Piedra y desde lo alto del galacho. Desde ahí arriba, se distingue el Moncayo, los coches convertidos en puntitos, el Ebro serpenteante, los colores cambiantes del campo, la ciudad y sus límites.

En mis carreras por las afueras le robo un rato a las prisas y a la agenda, disfruto de las vistas, del tiempo y el silencio, tomo distancia, sin alejarme del todo. Es así como mejor se ven las cosas: desde cerca pero con un poco de perspectiva. A los políticos sonrientes que llenan las portadas en época de precampaña, les invitaría a una carrera o un paseo por el extrarradio. Para conocer mejor su ciudad. Para distinguir lo urgente de lo importante.

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