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La revolución fiscal y la inflación de clichés

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 02/10/2022 A LAS 05:00
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero
Efe

Van a batir el récord mundial. El de mensajes atornillados con fórmulas electoralistas en medio de una amenaza de recesión con la inflación cercana a los dos dígitos. Ahora se trata de verificar quién es un rico y quién es un pobre. Si es un rico sospechoso y egoísta un profesional con 30 años de experiencia que ha logrado a base de trabajo, esfuerzo, tesón y renuncias a adquirir una segunda residencia y unos ahorros.

 En la mayoría de comunidades españoles tiene que pasar por la ventanilla del impuesto de Patrimonio, un trágala obsoleto que solo se mantiene en Noruega y Suiza, que como se sabe son dos países subdesarrollados y con escaso crecimiento y PIB. 

Aquí estamos al Patrimonio, colocamos la diana en el rico o supuesto rico y de ahí nos abrazamos a una gigantesca fábula del Falcon Crest nacional, una cosa entre demodé y chusca. Pero nadie nos dice cuáles son las consecuencias de que el ciudadano tenga en este momento más o menos dinero en el bolsillo y su efecto en la inflación, hasta dónde va a llegar la estrategia del BCE con los tipos, qué pasa con la compra de deuda soberana y el riesgo de la crisis de la libra. 

Si alguien sugiere ese debate en la Carrera de San Jerónimo le contestan con la batalla fiscal, que hay mucho rico suelto por España. Pocos se preguntan por la economía sumergida porque lo más importante es el azote, quién es el partido del rico y el partido del pobre. Algunos pensaban que la madurez política en España había alcanzado su resistencia, su techo. Al contrario, alguien abrió un agujero en el suelo por donde se filtra la demagogia.

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