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Espejos negros

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 24/09/2022 A LAS 05:00
Rosalía, el pasado miércoles en el concierto celebrado en Baracaldo.
Espejos negros
Europa Press

La plataforma, rectangular y blanca, está desierta. 

Uno de sus lados cortos termina en una curvatura ascendente, de la que surge el fondo del escenario, del mismo color, flanqueado por dos inmensas pantallas, como dos espejos negros. En este hábitat van a actuar Rosalía y su cuerpo de baile, con instrumentación pregrabada, a excepción de lo que interpreten un teclista, oculto al público, y la diva, en sendas ocasiones, a la guitarra y al piano.

Durante el concierto, los espejos negros se llenarán de imágenes, filmadas por un ubicuo operador de ‘steadycam’ y, como parte de su actuación, por Rosalía y sus acompañantes. A la vez, el público enviará vídeos a una infinidad de dispositivos, que los reenviarán a otros, y estos a otros, etcétera, en progresión geométrica.

A la misma hora, otro concierto también está a punto de empezar. La música ambiental ha cesado, el recinto se ha oscurecido, no hay nadie el escenario y, en lo que parece un homenaje, solo están iluminados los instrumentos. Allí no habrá sonido pregrabado, ni imágenes en dos dimensiones. Y el público llevará sus móviles en fundas que solo se desbloquean en un lugar apartado. Tres años antes de tomar esta medida, Bob Dylan había espetado a su público que "o posamos, o tocamos". Fue en Viena y está en Youtube.

El modelo de Rosalía contiene los genes del futuro. El de Dylan, en cambio, declina, sometido a la ley que él mismo cantó hace seis décadas: "Quien no se ocupa de nacer, se ocupa de morir". Y yo me consuelo pensando que lo que hoy parece retrógrado, quizás algún día vuelva a ser innovador.

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