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Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 13/09/2022 A LAS 05:00
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Pesa un quintal esa figura de madera que mi madre colocó sobre un arcón en medio del salón. 

La figura representa a un africano que fuma en pipa y la trajimos de Toulouse hace muchos años. Supongo que procede de Senegal ya que era senegalés el doctorando que se la regaló a Javier Tomeo, a quien habíamos acompañado a la lectura de una tesis sobre su obra. El doctorando senegalés estaba encantado de tener presente, en carne y hueso, al objeto de sus estudios. Y estaba tan agradecido que, después de una cena en su casa de Toulouse le regaló esa figura singular que por su excesivo peso Tomeo no quiso llevarse a Barcelona.

Lo cierto es que la figura no encajaba en ningún sitio y además se tambaleaba un poco. No sé cómo ni cuándo acabó el negro de madera en casa de mi madre, donde encontró su sitio entre diversos objetos de distintas épocas. Detrás del arcón, entre dos sillones, mi madre instaló a modo de mesa baja un televisor antiguo que cubrió con una gran foto de Marilyn Monroe, y sobre ella una caja de madera art decó que perteneció a mi abuela y se usa para guardar cajitas de cerillas.

Estábamos leyendo los periódicos, mi madre y yo, hace unos días, cuando oí un gran estruendo. El senegalés de madera, él solito, había saltado desde el arcón hasta la foto de Marilyn y en su caída había destrozado la caja de mi abuela. Mi madre se disgustó un poco. Para ella esa caja romboidal es tan importante como lo es para mí la figura ‘tomeana’. Le prometí que Antoine la arreglaría y así fue. Los recuerdos han vuelto a su sitio y Marilyn Monroe sigue sonriendo.

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