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Cartas: Trump, el incendiario

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  • Cartas al Director
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 26/08/2022 A LAS 05:00
Donald Trump.
Donald Trump.
David 'Dee' Delgado / Reuters

Si creíamos que lo habíamos visto todo respecto a los populismos, estábamos en un error.

Asisto atónito a los acontecimientos que está provocando Trump en EE. UU. Golpista y sedicioso, tiene un discurso incendiario que mina el prestigio de las instituciones. Utiliza una dialéctica que ya se encargó Steve Bannon, exasesor personal suyo, de sembrar por Europa y que ahora estamos padeciendo. Se presenta como víctima de una persecución y de un ataque de los fiscales. De una caza de brujas. Y consigue que sus seguidores, en lugar de poner el foco en su responsabilidad en el asalto al Capitolio, desaten su furia y su violencia siguiéndolo a ciegas. ¡Inaudito! Se ha librado de numerosos procesos judiciales, pero ahora las autoridades creen tener pruebas suficientes para acusarle y detenerle, pero temen, de hacerlo, una quiebra social y crear un clima preguerracivilista. Su consejera de presidencia Kellyanne Conway acuñó un término, ‘hechos alternativos’. Los hechos alternativos, no son hechos, son falsedades. Causa perplejidad pensar que con todo esto pueda volver a ser candidato a la presidencia. Y por si fuera poco, tienen a un presidente Biden, anciano; a una vicepresidenta, Kamala Harris, desaparecida, y a Nancy Pelosi, imprudente en estos momentos en política exterior.

José Luis Romanos Marfil

ZARAGOZA

¿De verdad se cumple la ley en España?

Con motivo de las quejas de responsables del PP sobre el chapucero decreto de medidas de ahorro energético del Ejecutivo, aseguraba con sorprendente rotundidad el presidente Sánchez que «en España la ley se cumple», mientras les pedía «unidad, responsabilidad, solidaridad» y el cumplimiento del plan. Viniendo de nuestro presidente podríamos considerar esta aseveración como un lapsus de memoria, algo en el demasiado frecuente y que va unido a su desigual reacción y exigencia, según el protagonista de los hechos. Vean si no la respuesta conciliadora y diametralmente opuesta dada a los responsables del País Vasco, Cataluña y Valencia ante quejas similares. Quizá por ello Sánchez debería haber completado su aseveración, la ley se cumple, excepto si eres mi colega, mientras gira la vista hacia otro lado, práctica esta en él habitual con multitud de ‘colegas’ que se saltan la ley con su beneplácito. A modo de ejemplo, no de ejemplaridad, su actitud ante la negativa de la Generalitat a acatar la Constitución y lo dictado por los tribunales en el tema de la enseñanza del español, donde el Gobierno catalán ha llegado incluso a preparar un decreto para imponer el catalán a los niños de cero a seis años. O también, el irresponsable y alegal traslado de terroristas no arrepentidos a cárceles del País Vasco, mientras niega cualquier petición de traslado de presos comunes. Actos ‘democráticos’ como este, de dudosa legalidad, se acompañan de otras concesiones que este Gobierno viene dando a independentistas vascos y catalanes, haciendo día a día más difícil la convivencia en esas zonas para los que piensan de manera diferente. La realidad es que en España la ley no se cumple, ante la descarada pasividad de este Gobierno.

Miguel Ángel Moliner del Ruste

ZARAGOZA

Caballero, ¿por qué no?

No estoy de acuerdo con quien, por ser un varón de esta época, no le gusta que le llamen ‘caballero’ para dirigirse a él. A mí me parece un gesto amable y educado. Sin embargo, recuerdo como trato desagradable el que una sanitaria, muy joven, dio a uno de los pacientes de su consulta, diciendo: «Usted pase después de ‘éste’», señalando a un señor que entraba en la consulta en ese momento. Me viene también a la memoria la comparación en el trato a otro señor, estando yo en la fila de la caja de un supermercado oyendo decir a la cajera: «Caballero, tiene que ponerse la mascarilla». De nuevo intervengo con el instinto de seguir escribiendo en el recuerdo y termino esta carta, con el permiso del director, dirigiéndosela a mi esposo, que sin duda preferiría que le dijesen caballero, ya que siempre lo fue.

Mary Carmen Alejaldre Cabeza

ZARAGOZA

Ahorro energético e indumentaria

El poder puede traer graves consecuencias para la salud mental de algunos políticos. Estar todo el día rodeado de personas a las que has nombrado a dedo y que te aplauden, digas lo que digas. A nuestro presidente Sánchez el poder le está haciendo mucho daño. Hace unos días, dijo, con toda la seriedad del mundo: «He pedido a los ministros y ministras y a todos los responsables públicos… que cuando no sea necesario que no utilicen la corbata pues así estaremos haciendo frente al ahorro energético». Por lo visto, dejar de usar corbata, especialmente por parte de las mujeres, supone un buen puñado de euros de ahorro. Lo que me extraña es que no haya ido más lejos y haya recomendado el uso de sandalias y zapatillas de rejilla, así como recurrir a las camisetas sin mangas o incluso hacer frente a las obligaciones del cargo a pecho descubierto o en pelota picada. Si en una playa cualquiera, la gente va casi desnuda, no sé por qué no puede hacer lo mismo delante de compañeros en el Consejo de Ministros o en el despacho. ¿Cuánto se podría ahorrar en aire acondicionado en una comida de trabajo si se asiste en bolas? ¿Y si se obliga a todos los ministros, ministras, subsecretarios y subsecretarias, directores y directoras generales y demás cargos elegidos o nombrados a dedo a raparse el pelo al cero o se nombra solo a calvos y calvas? Como medidas adicionales, se podrían prohibir los instrumentos eléctricos en los conciertos. Donde no se debería ahorrar es en nombrar a más políticos de pocas luces, que de esos ya tenemos muchos.

Evaristo Torres Olivas

VILLARQUEMADO (TERUEL)

Una rápida reacción

Quiero plasmar en estas líneas mi más sincero agradecimiento, de corazón, a los sanitarios de Bomberos de Zaragoza, a los cuales, por mi condición de policía local, he visto trabajar muchas veces, con la rapidez y la profesionalidad que les caracterizan y les honran. No quiero con esto menospreciar el trabajo de otros, nada más lejos de mi intención. Pero hoy los he necesitado, a mi esposo le ha dado un ictus a las 7.30, cuando se estaba preparando para ir a trabajar. No he dudado ni un segundo en marcar el teléfono 080. Y en seis minutos de reloj, que yo no dejaba de mirarlo, estaban aquí. Sé que estas cosas no se pagan con palabras, pero quiero y debo, una vez más, ensalzar su labor y contribuir a que se reconozca. ¡Sois los mejores, compañeros! Y nunca olvidaré lo de hoy. Eternamente agradecida.

Belén Ambroj Subías

ZARAGOZA

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