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Ranas hervidas

Por
  • Pablo Guerrero Vázquez
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 25/08/2022 A LAS 05:00
Si no conocen el 'síndrome de la rana hervida', búsquenlo.
Si no conocen el 'síndrome de la rana hervida', búsquenlo.
Esther Casas / HERALDO

De un tiempo a esta parte asistimos al aumento, pausado pero sostenido, de las temperaturas medias en cualquier rincón del globo. 

Es más, en ocasiones quizás hemos visto este fenómeno con buenos ojos: porque a nadie desagrada una tarde primaveral en febrero o no tiritar de frío las noches del Pilar. Nos hemos cocido a fuego lento y, hoy, comprobamos que el cambio climático es irreversible y que las medidas que empiezan a tomarse persiguen, a lo sumo, ralentizar la llegada de un escenario poco halagador.

En política sucede algo similar: cada vez son más las sociedades cuyo sistema político sufre un deterioro progresivo. Surge así el resbaladizo término de ‘democracia iliberal’, que se extiende como una mancha de aceite y da lugar, poco a poco, a ciudadanos con menos derechos y a sociedades con unas instituciones más débiles. Así ha ocurrido en Hungría y Polonia, y en cierta medida en Cataluña. Así estuvo a punto de ocurrir en Francia hace unos meses y así, posiblemente, comenzará a ocurrir en Italia después de sus próximas elecciones si los sondeos se cumplen. Las democracias, como explicaron Levitsky y Ziblatt, mueren poco a poco. Este sistema cuenta con instrumentos de garantía sólidos frente a ataques radicales, pero es frágil ante el cúmulo de decisiones aparentemente insignificantes que, finalmente, desembocan en un modelo que de democrático tan solo conserva el nombre. Si no conocen el síndrome de la rana hervida, búsquenlo, porque explica muy atinadamente qué nos está ocurriendo.

Pablo Guerrero Vázquez es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza

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