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Los 90 años de Pedro Calahorra

Por
  • Carlos Forcadell Álvarez
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 12/08/2022 A LAS 22:00
Pedro Calahorra y José Luis González Uriol impulsaron el Festival de Música Antigua de Daroca.
Pedro Calahorra y José Luis González Uriol impulsaron el Festival de Música Antigua de Daroca.
Aránzazu Navarro

La 44 edición del Curso de Música Antigua ha querido celebrar el 90 cumpleaños de Pedro Calahorra, sacerdote, músico y musicólogo, quien, junto con el maestro organista José Luis González Uriol, concibió y ha impulsado desde hace casi medio siglo el curso y festival que hacen de Daroca una referencia indispensable en el panorama internacional de la música antigua. 

El testimonio y la memoria de Pedro Calahorra, más allá de su discreción y modestia, serán un documento de tanta relevancia como los cientos que él ha recuperado del patrimonio musical aragonés.

Calahorra y González Uriol se conocieron mediados los años setenta tocando el órgano de la iglesia de los jesuitas de Zaragoza, cuyo solar ocupó en 1980 el edificio de Ibercaja. Allí compartieron su interés por la obra de Pablo Bruna y el tricentenario del organista ciego de Daroca (1679) suscitó el primer Curso de Música Antigua. Con tenacidad y convicción, ambos lograron apoyos institucionales y financieros, empezando por la Institución ‘Fernando el Católico’ (IFC) de la Diputación de Zaragoza. Esta pareja petitoria de organistas, apasionados por recuperar y difundir el patrimonio histórico musical aragonés, convenció en 1977 a la IFC, dirigida por Ángel Canellas, de organizar unos Encuentros de Música Ibérica, que fueron un hito en la normalización de la musicología española y el marco de la primera reunión de la Sociedad Española de Musicología. Todo sucedió en la Diputación Provincial de Zaragoza.

En 1977, en tiempos de renovación cultural, Pedro Calahorra publicó en las colecciones de la IFC su libro: ‘La música en Zaragoza, organistas, organeros y órganos’, y el mismo año, a instancias de Guillermo Fatás, otra síntesis sobre la historia de la música en Aragón (Librería General). Don Pedro, nacido en 1932, tenía 45 años, así que estaba «nel mezzo del cammin di nostra vita», de la suya, en verso inicial de la ‘Divina Comedia’. Las cosas estaban cambiando. Ese mismo año tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas desde 1936. Abierto el camino en la IFC, las ambiciosas propuestas de Pedro y José Luis implicaron investigaciones, publicaciones, restauraciones de órganos y la organización, en 1979, del I Curso de Música Antigua en Daroca, que llega hoy a su 44 edición, dorado su prestigio por la persistencia y por el bien hacer de sus directores. Fue el año de las primeras elecciones locales, con los consiguientes cambios en las instituciones y en sus representantes políticos y gestores. Empezaba un nuevo aprendizaje de la libertad en democracia. Tampoco fue casual, pues, que en septiembre de ese año Pedro, José Luis y José Vicente González Valle organizasen en Zaragoza el I Congreso Nacional de Musicología, que transcurrió en el Colegio Mayor ‘Cerbuna’, de la Universidad de Zaragoza.

En 1980 se creó la Sección de Música Antigua de la IFC. Su financiación anual era de 500.000 pesetas más 200.000 para el curso de Daroca. Pudo así empezar una intensa y entusiasta actividad de investigación, dotación de becas, ediciones de facsímiles y estudios y cursos y recitales de órgano, encaminado todo a recuperar el patrimonio musical aragonés. Desde 1984, la revista ‘Nasarre’, dirigida por Calahorra en sus comienzos, ha publicado 36 números; y el prestigioso catálogo editorial contiene más de 300 entradas en colecciones de tecla aragonesa, órganos históricos, etc.

Pedro Calahorra no es sólo musicólogo, maestro y organista, sino otras cosas. Sacerdote, para empezar. En los dos lados de su biografía está conceptuado por los más como persona ejemplar, sabia, bondadosa y modesta. Hijo de un linotipista, creció musicalmente en los Infanticos del Pilar. Entre 1939 y 1944, años tremendos, fue aprendiz en Almacenes El Pilar. Ingresó en el Seminario de Alcorisa. Un intercambio de seminaristas le llevó en 1956 a Klagenfurt (Austria): como en Zaragoza, hizo allí de albañil para construir viviendas obreras con adobes de barro y paja. Ordenado sacerdote en 1958, tuvo destinos pastorales en Villafeliche, en el barrio de la Jota, en la parroquia de San Braulio... Había estado, entre 1958 y 1961, en el Instituto Pontificio de Música Sacra de Roma: son los tres primeros años del papado de Juan XXIII que condujeron al trascendental Concilio Vaticano II de 1962. Ambas experiencias, profesional y religiosa, influyeron en su carácter y su destino.

Su trayectoria ejemplar ha conformado una personalidad desbordante de calidad humana. Don Pedro es persona honrada, bondadosa, generosa y humilde que combina la modestia y la discreción con el rigor, así en su pasión por la música como en su actividad pastoral. Por eso es justo reconocerlo, como ya se ha hecho en Daroca y como debemos seguir haciendo más allá de ‘su’ Daroca.

Carlos Forcadell Álvarez es director de la Institución ‘Fernando el Católico’

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