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Dioses

Por
  • Ana Alcolea
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 04/08/2022 A LAS 05:00
Nadie hace el mismo viaje.
Nadie hace el mismo viaje.
Jan Vasek / Pixabay

Viajamos a la nostalgia, a la melancolía, a nuestros recuerdos. 

A veces viajamos para conocer rincones desconocidos, para respirarlos y traerlos con nosotros de vuelta. Viajamos siempre al interior de nosotros mismos porque es nuestra mirada la que convierte en nuevas las montañas, las viejas ciudades, los bosques de árboles ajenos, los monasterios escondidos, los mares que convertimos en cuadros de Rothko. Cada viajero regresa diferente porque nadie hace el mismo viaje. Podemos compartir barco, autobús, incluso coche, con otras personas, pero nunca viviremos lo mismo. Donde yo veo un cuadro azul, alguien piensa en los animales marinos que surcan las profundidades, alguno imagina los pecios hundidos por tempestades, piratas o guerras, y hay quien calcula las cantidades de plásticos que esconden las aguas. Cada viaje se convierte enseguida en un almacén de recuerdos que apresamos en forma de fotografías o de objetos porque no confiamos en nuestra propia memoria para conservarlos. Porque no solo somos lo que comemos, bebemos o leemos. También somos lo que viajamos. Por eso nos gusta abrazar nuevos espacios, nuevas lenguas y nuevas gentes, sí; pero también amamos volver a los lugares que nos crearon, a la patria verdadera de la infancia (Rilke ‘dixit’), allá donde seguimos siendo quienes fuimos, dioses soñadores antes de convertirnos en mendigos (Hölderlin ‘dixit’, más o menos). Viajamos a la nostalgia para seguir siendo dioses. Porque tal vez en la nostalgia vive aún el paraíso.

Ana Alcolea es escritora, premio de las Letras Aragonesas 2019

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