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El Estado de las asimetrías

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 18/07/2022 A LAS 22:00
El Estado de las asimetrías
El Estado de las asimetrías
Krisis'22

En 2009, diecisiete diputados representaban en el Congreso a canarios, ceutíes y melillenses, es decir, a los españoles que están exentos de pagar IVA. 

Todos pudieron votar el aumento en dos puntos del tipo general de este impuesto, a pesar de que no les afectaba en absoluto. Dos de ellos, diputados regionalistas, consiguieron que, a cambio de su voto favorable, se aprobara un plan especial de inversiones para el archipiélago. Imagínense ustedes, los peninsulares tuvimos que compensar a nuestros compatriotas canarios para que graciosamente aceptaran que nos subiéramos un impuesto que solo nosotros pagábamos.

En la actualidad, veintitrés diputados representan en el Congreso a los ‘españoles forales’, es decir, a los vascos y a los navarros. Como sabemos, de acuerdo con su régimen fiscal de concierto económico (convenio económico en Navarra), ambas regiones recaudan por sí mismas la mayor parte de los impuestos y luego contribuyen en la parte que les corresponde a la financiación de aquellas competencias que son ejercidas directamente por el Estado. Es decir, la mayor parte de los Presupuestos Generales del Estado no les afecta. A pesar de ello, los diputados vascos y navarros votan la totalidad del presupuesto y, aquellos que pertenecen a partidos nacionalistas, obtienen partidas complementarias en agradecimiento por su apoyo.

La estructura territorial de la España de las autonomías y su traslación en el
Congreso de los Diputados provoca situaciones paradójicas e injustas

Nada menos que cuarenta y nueve diputados nacionales representan a los catalanes. Y han votado la convalidación de los tres reales decretos leyes que en los últimos años han modificado la Ley de Propiedad Horizontal de 1960. Una ley que, por cierto, no se aplica en Cataluña, donde desde 2006 rige lo establecido en el Libro Quinto de su Código Civil. Curiosamente, en las reformas de 2018 y 2019 fueron decisivos los votos catalanes, ya que la mayoría política en las regiones afectadas por la Ley era diferente de la que existía en el Congreso y sustentaba el Gobierno.

Desde finales de los años setenta ha sido frecuente referirse a España como ‘Estado de las autonomías’, aunque sería más exacto llamarla ‘Estado de las asimetrías’. ‘Café para todos’ prometió en su momento el ministro Clavero Arévalo, pero al final unos han recibido café, otros menta poleo y hay también quien se ha apuntado a la barra libre de whisky de malta. Y, aunque a algunos no les guste, quizá no sea una solución tan mala. Para bastantes, es precisamente la asimetría lo que da estabilidad a nuestro sistema político, lo que lo hace más democrático y más eficaz.

En buena teoría democrática, los ciudadanos delegamos en nuestros representantes el poder de adoptar en nuestro nombre decisiones que nos afectan. En virtud de este principio, el parlamento noruego, por impecables que sean sus credenciales, no puede decidir democráticamente sobre la protección de las lenguas regionales en Italia. Y no puede hacerlo porque los afectados por esa decisión, los ciudadanos italianos, no han concedido a los diputados noruegos ninguna autorización para legislar en su nombre. Así de sencillo.

El Estado autonómico es asimétrico, lo que resulta poco democrático 

Tampoco puede ser eficaz nuestro ‘Estado de las asimetrías’. En democracia, los cargos electos tienen un fuerte incentivo para adoptar decisiones adecuadas: si los ciudadanos no están satisfechos con los resultados, en el siguiente ciclo electoral les retirarán su confianza. Claro que ese mecanismo no funciona si los electores no se ven afectados por las decisiones que sus representados adoptan. O, peor aún, si los electores tienen motivos para alegrarse con los males de los realmente afectados o salen ganando con su desgracia. Es lo que ocurriría, por ejemplo, si el parlamento de Croacia legislara sobre el sector del turismo de Montenegro, un país que es competidor directo suyo. Podemos suponer que el eventual hundimiento del sector turístico montenegrino ocasionaría un desplazamiento de visitantes hacia la vecina Dalmacia, con la alegría consiguiente de muchos electores croatas. Que, probablemente, agradecerían a sus diputados del ‘Sabor’ el mal trabajo realizado.

Hace unos años, Donald Rumsfeld, que fuera secretario de Defensa norteamericano con los presidentes Ford y Bush (el joven), escribió: "Si gastas el dinero de otra gente en cuestiones que afectan a otra gente, no te importará ni el dinero que se gasta ni en qué se gasta". Como bien sabemos en la España asimétrica, tenía razón.

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