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Calatayud

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 08/06/2022 A LAS 05:00
Primera misa en la colegiata de Santa María de Calatayud.
Calatayud
JMACIPE

Una visita tranquila a Calatayud nos ofrece dos visiones muy distintas. 

Por un lado, su rico patrimonio monumental, donde brillan con luz propia la Colegiata de Santa María, la Basílica del Santo Sepulcro, la Iglesia de San Juan o San Pedro de los Francos. Pero hay otra visión, la que ofrece una parte del antiguo casco histórico, con casas que se ve claramente que fueron muy buenas en su momento y que ahora aparecen deshabitadas o en semiabandono.

Con comercios que dieron vida a una Calatayud, capital comercial y económica de una comarca importante, comercios que hoy están prácticamente todos cerrados, ante el empuje irresistible de grandes cadenas que hacen imposible la competencia e, incluso, la supervivencia. Buena parte de la población y gran parte de la vida comercial ha abandonado el casco histórico de la ciudad para desplazarse a zonas de más fácil desarrollo urbanístico. En algún momento las administraciones deberán planificar políticas urbanísticas y de apoyo económico para hacer posible que los corazones de ciudades y pueblos vuelvan a tener vida.

En el campo monumental, Calatayud ha vivido un acontecimiento importante, la apertura de la Colegiata de Santa María, tras once años cerrada, con una restauración que la ha convertido en un referente imprescindible a visitar. Cuando se cerró el templo presentaba problemas estructurales que hacían temer por su futuro. La primera fase consistió en obras básicas para garantizar el futuro del monumento. Desde el 2020 se trabajó en la parte más visible y estética, con el objetivo, como afirmaba el arquitecto Fernando Alegre, de recuperar la belleza oculta, hacer patente el aspecto inicial con todo su esplendor. A ello ha contribuido la recuperación del cromatismo que tuvo en sus comienzos, en el siglo XVIII. Esta segunda fase ha supuesto una inversión de 2,3 millones de euros, con el apoyo de las administraciones públicas.

A principios de abril, Calatayud fue la sede del encuentro de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Más de 300 personas de toda España participaron en una liturgia rica en tradición y compartieron el objetivo común de apoyo a las obras educativas, sanitarias y sociales que promueve la Iglesia Católica en Tierra Santa. Los actos se desarrollaron en la Basílica del Santo Sepulcro, casa madre de la Orden en España por concesión de los Reyes de Aragón.

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