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el mirador

Un mundo en la Aljafería

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 08/05/2022 A LAS 05:00
Palacio de la Aljafería.
Palacio de la Aljafería.
HERALDO

Hay catedráticos y profesores prestigiosos de media docena de universidades, miembros de Reales Academias, militares y guardias civiles, diputados y senadores nacionales, letrados de ambas cámaras parlamentarias y de otras autonómicas, dirigentes sindicales... Y, también, diputados uruguayos de varios partidos políticos, enviados de la Embajada del Canadá, un cónsul general alemán, directivos de la Fundación Friedrich Ebert, la más antigua de Alemania, de estirpe socialdemócrata, y asimismo de la Fundación Konrad Adenauer, democristiana, que la sigue en veteranía.

Los servicios de las Cortes de Aragón han tenido que arregárselas para situar doscientos asientos en donde uno diría que cabe la mitad de ese número. Habrá, así y todo, asistentes que seguirán el acto en pie, no obstante su duración.

De todas las representaciones que un espectador espontáneo podría considerar más llamativas, por lo infrecuentes, destaca la de la Cámara de Representantes de la República del Uruguay. Alguien que conozca un poco los antecedentes del caso tendrá esa presencia por normal y esperable. El presidente de esa Cámara (los uruguayos tienen un parlamento bicameral, como los españoles y los británicos) se renueva cada año. En estos momentos, es el turno de Ope Pasquet (Ope es nombre de pila), del antiquísimo Partido Colorado, fundado en 1836. Es abogado y buen orador.

Ajeno a prejuicios hoy en boga, habla con naturalidad de la madre patria España y recuerda la ascendencia aragonesa del fundador de la nacionalidad uruguaya, el padre de la patria de los ‘orientales’, José Gervasio Artigas. Irá, con los compatriotas que le acompañan, en peregrinación laica, según dijo, a La Puebla de Albortón, para tener contacto físico con el solar originario del héroe nacional del Uruguay. Lo hacen con frecuencia: también verificó la visita José Mujica, el peculiar presidente uruguayo que fue tan popular en medio mundo por su particular modo de ser y estar en política y por sus antecedentes guerrilleros y penales.

Es el país más alfabetizado de Iberoamérica y está en posiciones altas respeto de los usos democráticos: limpieza institucional, estabilidad política, elecciones transparentes y seguridad en las calles.

Tiene rasgos dignos de atención: España está viviendo un periodo en el que el Poder Judicial (PJ) y sus entornos sufren el mordisco del intervencionismo político. Eso causa un daño mucho mayor del que parece a la democracia española. En Uruguay no hay ministerio de Justicia. El PJ se autogobierna de modo casi absoluto mediante un presidente y cuatro ‘ministros’ (altos magistrados), que están un decenio en su puesto o hasta que cumplen setenta años. No puede haber bloqueos en tal gobierno del PJ, al contrario de lo que sucede en España, para mal de nuestro país: cuando hay una vacante, si transcurrido un plazo breve no se ha resuelto la provisión, un automatismo legal provee, por la promoción predeterminada de un magistrado, el puesto vacío.

En todo ello podría pensar anteayer el asistente a la ceremonia con que las Cortes de Aragón celebran los veinte primeros años de vida de la Fundación ‘Manuel Giménez Abad’ (FMGA).

La fecha de la celebración anual es el 6 de mayo, día del asesinato del jurista, profesor y político aragonés que da nombre a una institución que ha ganado reputación de competencia en las materias cuyo cultivo le encomendó la representación política de los aragoneses: investigar y difundir la institución parlamentaria, para su mejor conocimiento y mejora, y ahondar en el estudio del modelo de Estado con distribución territorial del poder, al modo autonómico o federal, con sus posibilidades y variantes. La FMGA crea doctrina en estas materias. Lo dicen afamados especialistas que la visitan, imparten cursos y conferencias en ella o invitan a la institución a que se persone en los que se organizan fuera. En este punto, es notable la intensa relación con el Parlamento uruguayo, que es constante, para impartir esta clase de saberes a los políticos jóvenes.

Se defienden los principios de libertad, igualdad y respeto a la convivencia pacífica y al pluralismo ideológico. La FMGA propaga con estudios avanzados las ideas de dignidad, derecho y democracia, por cuyo arraigo trabajaba Manuel Giménez. Fueron la causa de su muerte a manos de los bellacos matarifes de ETA con cuyos herederos y colegas aún mantiene tratos, a ojos vistas, nuestro Poder Ejecutivo.

Por azar, el viernes coincidieron el aniversario del asesinato de Manuel y la celebración anual, en su amada Jaca, del Primer Viernes de Mayo. No estuvo allí, pero sí en el ánimo de miles de personas que han hecho de su memoria algo digno de recordación en un puñado de países amantes de la democracia y el derecho. De eso trataba, el día 6, la rara y solemne congregación que se vio en la Aljafería.

El viernes, en conmemoración anual del asesinato por los terroristas vascos de Manuel Giménez Abad, las Cortes congregaron a una polifacética representación plurinacional.

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