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La práctica del fuera de juego

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 01/05/2022 A LAS 11:43
Reunión entre Javier Lambán y Jorge Azcón en Zaragoza
Reunión entre Javier Lambán y Jorge Azcón en Zaragoza
José Miguel Marco

Concebido como una estrategia defensiva, el fuera del juego es una práctica del fútbol plagada de riesgos. Dejar al contrario en órsay exige de una cuidada compenetración de toda la línea defensiva que, en caso de error, suele pagarse con el gol. Los equipos que juegan en espacios reducidos deben poseer, a juicio de los aficionados, un extraordinario control de la pelota. Jugar al límite, bajo el tiralíneas del VAR, ha terminado definiendo al fútbol como un deporte de precisión televisiva, donde la táctica está igual de amenazada que la espontaneidad.

La obsesión por dejar al contrario fuera de foco es una de las claves que permiten comprender lo que es el tacticismo político. Los errores forzados, amparados en la administración de los tiempos, del ritmo y de la secuencia de los acontecimientos, también han logrado imponerse en el relato de la política más doméstica. La polémica sobre la construcción del futuro campo de fútbol en Zaragoza es un claro ejemplo de la preocupación por el fuera de juego, por la búsqueda de la ruptura del ritmo creado en un partido y por el deseo interesado de huir de los consensos.

Sabe el PSOE de Javier Lambán de la importancia estratégica que posee para el alcalde Jorge Azcón la construcción del futuro estadio. Primera promesa electoral de Azcón, la nueva Romareda arrastra años de desacuerdos, pero también ofrece una nueva oportunidad para su definitivo desbloqueo, en especial cuando en el horizonte de 2030 aparecen la candidatura a los Juegos de Invierno y un mundial de fútbol. Apelando a su condición institucional de alcalde, la misma que reclama para sí el presidente Lambán, el líder del PP aragonés ha buscado en el consenso y la aportación de los grupos una salida a un problema plagado de complejos y tensiones partidistas. A un año de las municipales, el PSOE sabe que si Azcón logra cerrar la ubicación del estadio habrá perdido el protagonismo de un proyecto que también formó parte de su programa electoral. Integrarse en el consenso municipal implica, bajo la interpretación de los socialistas, diluir su protagonismo como primer partido de la oposición, por lo que su distancia es hoy la diferencia y el valor con la que buscan presentarse ante su electorado.

Corre el PSOE un elevado riesgo quedándose solo, porque Azcón, que asume que la decisión sobre el emplazamiento es algo sobre lo que no tiene la menor intención de pelear –la opción de La Romareda cobra cada día mayor fuerza–, ha sabido utilizar el órsay gracias a que el resto de los grupos municipales, desde ZEC a Vox, han optado por expresar sus preferencias.

Si el PSOE opta por rehuir su implicación, creyendo que con ello marca postura frente al PP, no sería de extrañar que el estadio termine quedándose en su actual emplazamiento. La reforma de La Romareda, que se podría completar sin que fuese necesaria la autorización urbanística del Gobierno de Aragón, se acometería con el alcalde ocupando un papel protagonista y sin que el PSOE hubiera aceptado la responsabilidad que se le debe exigir ante proyectos de esta importancia.

Jugar al órsay, con la defensa adelantada, acarrea severos riesgos, por lo que quizá sea más oportuno para Lambán emplearse en el ataque, proponiendo y opinando, para terminar alcanzando un acuerdo. No siempre se puede observar el partido desde la banda. 

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