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Más muertos que balas

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 03/04/2022 A LAS 05:00
Funeral en Ucrania por una de las personas que han muerto en la guerra.
Funeral en Ucrania por una de las personas que han muerto en la guerra.
Serhii Hudak / Reuters

Arrojados a las cunetas, olvidados en medio de carreteras hacia ninguna parte, la exposición mediática de los cadáveres de la guerra estremece.

 Vidas truncadas por decisiones ajenas. Hombres y mujeres asesinados a conciencia por quienes siguen pensando que un trozo de tierra justifica una bala en la cabeza de cualquier inocente. El horror no lo simboliza un tanque, ni siquiera los edificios barridos por la artillería. La barbarie se muestra en toda su dimensión cuando comprobamos que las cruces se clavan frente a los semáforos, junto a los parques, en las avenidas. Putin cree que está haciendo la guerra a Ucrania, pero en su ignorancia ni siquiera se ha detenido a pensar que Ucrania se parece demasiado a cualquiera de nuestras ciudades. Más de 80.000 ucranianos que han huido de la invasión están ya en España, aunque no pueden alejarse de una guerra que los marcará para siempre. Es imposible. Toda Europa se parece demasiado entre sí. En realidad, la propia globalización ha exportado las balas de Putin hacia lugares insospechados. ‘The New York Times’ reflejaba estos días otras consecuencias más silenciosas y letales: Kenia, Somalia, Etiopía se unen al conjunto de países de África Oriental condenados por la subida de los precios del cereal procedente de Rusia y Ucrania. Arrastrados por la peor sequía en más de 40 años, la contienda librada a miles de kilómetros los lleva a la inanición. Cada disparo del dictador con complejo de zar deja un reguero de cadáveres en decenas de países en una guerra con más muertos que balas.

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