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la rotonda

Vacunas e ideología

Por
  • José Tudela Aranda
OPINIÓNACTUALIZADA 15/01/2022 A LAS 05:00
El último grito de los antivacunas de Nueva York
Vacunas e ideología.
Jorge Fuentelsaz

La gravedad y persistencia de la pandemia están planteando un sinfín de cuestiones alrededor del proceso de vacunación

De entrada, hay que afirmar que el mero hecho de poderse vacunar frente a una enfermedad aparecida hace tan sólo dos años es un extraordinario logro científico. Inmediatamente, hay que subrayar que, sin la vacuna, las consecuencias de la pandemia serían mucho más graves. Si se siguiese una secuencia lógica, el proceso de vacunación no debería plantear problemas e, incluso, los eventuales problemas legales no lo serían porque todo el mundo querría vacunarse y lo haría siguiendo las instrucciones dadas por las autoridades. Sin embargo, no es así. La resistencia al proceso de vacunación es amplia y ello está planteando relevantes problemas sociales y jurídicos. Estos últimos son de un extraordinario interés para el jurista ya que plantean conflictos novedosos e importantes alrededor de algunos de los valores y principios más destacados. No voy a examinarlos, pero no me resisto a señalar que creo que existen argumentos suficientes para justificar los más diversos ‘incentivos’ para la vacunación y que, incluso, si la situación de la salud pública lo exigiera, sería posible establecer la vacunación obligatoria, al menos para los sectores más sensibles de la población, tal y como han realizado las autoridades italianas. No me extiendo al respecto porque lo que me interesa destacar es la relación entre vacunación e ideología.

Quienes aceptamos la vacunación, confiamos en los criterios científicos que se nos suministran; es decir, confiamos en el sistema social que nos hemos dado

Las ideologías, como las religiones, son hoja de ruta para aquellos que las profesan. Les aportan criterios y pautas conforme a los cuales deben comportarse y opinar en relación con los temas más relevantes. De esta manera, ideas y comportamientos han sido tradicionalmente predecibles. Tradicionalmente, porque hace ya un tiempo que esa concordancia se ha amortiguado. Hoy es arriesgado pensar que si alguien profesa ésta o aquella ideología debe pensar esto o aquello sobre una determinada cuestión de actualidad. Lo sucedido en relación con la vacunación es un excelente ejemplo de lo antedicho. La oposición a la vacunación tiene fuentes absolutamente heterogéneas. Se oponen jóvenes que rechazan la vacuna como una imposición del sistema; se oponen ecologistas radicales que no aceptan procesos químicos en su cuerpo; se oponen libertarios populistas de derechas que hacen de la oposición a la vacuna una curiosa bandera de lucha por la libertad; se oponen fieles de distintas religiones como los judíos ortodoxos o los evangelistas que están provocando en Bolivia una profunda crisis de vacunación entre la población indígena… Aparentemente, no es posible, o es muy difícil, establecer una pauta común ideológica entre quienes rechazan la vacuna. Su posición no está relacionada con una ideología determinada, al menos no con una ideología en sentido clásico. En todo caso, sí resulta posible encontrar una idea común entre todos ellos. Me refiero a su relación con aquello que peyorativamente denominan ‘orden establecido’. Quienes aceptamos sin dudar la vacunación, confiamos en los criterios científicos que se nos suministran. Es decir, confiamos en el sistema social que nos hemos dado. Por el contrario, quienes se oponen, lo hacen precisamente porque quieren luchar contra ese sistema, porque le niegan legitimidad. La oposición a las vacunas es una forma de rechazar el sistema. No es un hecho aislado y puede considerarse un síntoma más de una profunda fractura social que empieza a consolidarse.

Quienes se oponen, lo hacen precisamente porque quieren luchar
contra ese sistema

La sociedad contemporánea nos enfrenta a problemas nuevos y de gran complejidad. Frente a ellos ni las ideologías ni las religiones tradicionales ofrecen criterios claros. Las consecuencias van más allá de la lógica confusión. Se puede anticipar un tiempo crítico con muchas preguntas sin respuesta social, con demasiados problemas cuya solución no se va a guiar por la razón sino por argumentos irracionales que beben de las fuentes más diversas. No es una buena perspectiva. Se necesita un rearme ideológico que con la necesaria pluralidad facilite respuestas que hagan más sencillo tanto nuestra toma de posición como la gestión social de esas cuestiones. Por el momento, lo más relevante es que se vuelva a dar a la razón el lugar que le corresponde en el espacio público.

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