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Vacunas contra la inconexión

Por
  • María Pilar Clau
OPINIÓNACTUALIZADA 14/01/2022 A LAS 05:00
FILAS EN EL CENTRO DE SALUD ALMOZARA DE ZARAGOZA / 03-01-2021 / FOTOS: FRANCISCO JIMENEZ[[[FOTOGRAFOS]]]
Vacunas contra la inconexión.
Francisco Jiménez

Esta semana me inyectaron una dosis de vacuna contra la covid. 

Salí de casa con una suave e imprecisa tristeza, tal vez por el hartazgo de precauciones y temores. Regresé como si me hubieran pinchado una buena dosis de alegría. Acudí con antelación porque no conocía el lugar en el que estaba el centro de salud, el trayecto que debía recorrer ni del tiempo que me costaría transitarlo. Llegué más de media hora antes de la cita. Una señora esperaba delante de una puerta y le pregunté si era ese el acceso al espacio de vacunación. Sin apartar la vista del móvil me respondió que sí y añadió que tardarían más de media hora en abrir. Me quedé dudando entre esperar o marcharme a dar un paseo, y en la duda navegaba cuando llegaron dos hombres que me hicieron idéntica pregunta que yo acababa de hacerle a la señora. Les respondí lo que ella me había dicho; pero yo no llevaba móvil y los miré a ellos. En sus ojos, la misma incerteza que en los míos. Uno de ellos, el que llegó unos segundos antes, un poco más caviloso. Compartí con ellos mi indecisión. Ellos tenían otras preocupaciones, cada uno las suyas, y también las compartieron conmigo. Revelación por revelación, así funcionan las conversaciones con extraños. Confidencialidad fugaz y tan necesaria a veces como comunicarnos con familiares y amigos.

Entre que me decidía a marcharme o no, entablamos un diálogo corto y dulce, interrumpido a veces por el respeto a la intimidad, al pensamiento de cada uno. Esa humanidad participada acortó de manera asombrosa el tiempo de espera y me suministró un placer inesperado. Los tres llegamos serios y los tres nos marchamos sonriendo. Probablemente no vuelva a verlos nunca, pero cuánto me alegro de haberles dejado entrar en mi vida y de que ellos me dejaran atravesar las puertas de las suyas mientras esperábamos a que se abriera la del centro de salud. Éramos tres extraños que nos vimos como personas reales.

Hablar con extraños es vivir la incertidumbre, la vida sin preparación. En estos tiempos de aislamiento, de miedo y de cautelas tal vez hablar con desconocidos sea lo que nos salve.

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