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Cuñadismo

Por
  • Jorge Sanz Barajas
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 14/01/2022 A LAS 05:00
Cuñadismo.
Cuñadismo.
Pixabay

A Perplejo le asombra esta manía que nos ha entrado de ser lo que no somos: hoy, el futbolista tiene un no sé qué de filósofo, el opinador se presenta como periodista, hay jueces investidos de epidemiólogos, ser economista lleva aparejado ser sociólogo, uno ve presidentes que son prestidigitadores, ¿Quién no es experto en medioambiente?

Cualquiera lo es en derecho, en salud pública, en virología… Y quién no lleva dentro un maestro y un médico. Es habitual que un paciente discuta el diagnóstico, que dicen que es como el VAR, que todo depende de lo rápido que veas la toma: "Lo ve, doctora, si pongo la ecografía un poco más rápido ya no es niña, que es niño. ¡Mire cómo se mueve la pirindola, oiga! ¡Usted va a saber mejor que yo lo que llevo dentro!". Así nos va. Debe ser por eso que apenas hay médicos en el Ministerio de sanidad, salvo en los equipos donde toca trabajar. De maestros, mejor no hablar. A Perplejo, hace un lustro, unos alumnos le expresaron sin rubor que los maestros nos dedicábamos a educar porque no podíamos dedicarnos a otra cosa. Ese mismo día, Perplejo decidió recoger los bártulos y cambiar de escuela.

El problema es que nos hemos acostumbrado a pensar ‘en cuñado’. Hoy en día, confiar en un profesional es un imperdonable ejercicio de buenismo. Son estos mismos sujetos quienes se quejan luego de la pérdida de autoridad. No, no sabe usted de todo. Zapatero, a tus zapatos, y deja que hagan los trajes el sastre y la modista. Las puntadas, con hilo, oiga.

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