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Tertulias

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 11/01/2022 A LAS 05:00
Tertulias.
Tertulias.
Pixabay

Hacia 1880 Claude Debussy empezó a frecuentar la tertulia de los martes en casa de Mallarmé. 

Allí se reuniría con Verlaine, Monet, Rodin, Paul Valéry y muchos otros personajes importantes de la época. Qué interesantes y divertidas debían de ser aquellas veladas y qué pena no poder viajar en el tiempo y asistir como espectadora a alguna de ellas.

Echo de menos el tiempo pre covid, cuando nos reuníamos sin miedo en las casas, o en Casa Emilio, y se charlaba y se reía hasta la madrugada. Echo de menos la tertulia del desaparecido ‘El Ángel Azul’ de la calle Blancas, donde un buen grupo de amigos nos reuníamos en torno a Ignacio Martínez de Pisón. Daría cualquier cosa por poder recordar con más nitidez aquellas horas nocturnas.

Durante el confinamiento tuve alguna reunión virtual con mis amigas a través del ordenador. Me ponía nerviosa, estaba angustiada, no sabía cómo actuar, y no podía llorar en el hombro de ninguna de ellas. Se levantó el confinamiento. Volvimos a salir. Pero ya nada volvió a ser lo mismo. La sombra del virus lo ha oscurecido todo. Nos vemos poco y cuando nos vemos nunca estamos todas.

Si en algún momento no muy lejano pudiésemos hablar de esta pandemia como de un mal sueño, sería maravilloso refundar viejas tertulias e inventar otras. Tertulias en los bares, en los restaurantes, en las casas, los martes o cualquier otro día de la semana. De la tertulia de Mallarmé surgió el magnífico ‘Preludio a la siesta de un fauno’, que Debussy compuso a partir de los versos de su anfitrión después una maravillosa velada.

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