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La gran comparsa

Por
  • Francisco Bono Ríos
OPINIÓNACTUALIZADA 10/01/2022 A LAS 05:00
Mascarillas a la venta en una farmacia.
Mascarillas a la venta en una farmacia.
Francisco Jiménez

Uno de los grandes cambios ocasionados por la pandemia, es la consolidación de China como primera potencia económica mundial, compartiendo ya escalafón con Estados Unidos, lo que supone que ahora irrumpe en escena un país totalitario, con reglas de juego en su economía muy distintas a las que hasta ahora se conocían de los países líderes.

Esta cuestión que en principio se observa con un cierto distanciamiento tiene sin embargo importantes repercusiones en el mundo empresarial. Sin ir más lejos, recientemente HERALDO refería la situación crítica de los fabricantes de mascarillas en Aragón como consecuencia de la competencia china, así como la petición de estas empresas a la Administración para que no adjudique las licitaciones únicamente por el criterio del precio más bajo, y que por el contrario establezca mecanismos para proteger a la industria nacional.

Denuncian estas empresas (que en su día fueron animadas, por cierto, a fabricar mascarillas ante la escasez de los mercados) que sus precios unitarios de producción ni siquiera llegan a entrar en el concurso ya que están por encima del propio precio de licitación. Se han encontrada ‘tiradas’, en una palabra.

Esta queja de las empresas, que va más a allá de una simple rabieta ya que puede suponer la desaparición de algunas de ellas y desde luego el descalabro económico de muchas, no debería pasar por constituir una noticia aislada o suponer que el problema es pasajero y que afecta a sectores muy concretos. Y además debería formar parte de las estrategias de Estado de nuestro país, así como -desde luego- de los países integrantes de la Unión Europea. Me explicaré a continuación.

Los sistemas de adjudicación de las Administraciones Públicas han sido siempre objeto de polémica a causa de los criterios de convocatorias y adjudicaciones. Por ello, para favorecer la transparencia, en la mayoría de las convocatorias se tiende a primar el criterio del precio por encima de otros parámetros de valoración, lo cual obliga a las empresas a hacer un esfuerzo de racionalización de costes y, de paso, el concurso es menos oneroso para la Administración. Este procedimiento ha sido siempre discutido (por razones que no procede aquí explicar), pero al menos tiene una ventaja y es su transparencia y su respeto a la igualdad de oportunidades que debe ofrecer una economía de mercado.

Ahora bien, el gran problema estriba en que estos procedimientos están regulados bajo la premisa de que se actúa en mercados de libre competencia y por tanto de igualdad de oportunidades para todos los concurrentes... Pero, ¿qué ocurre cuando no se ofrece esa igualdad de oportunidades? Pues este es, precisamente, el problema que nos ocupa: frente a empresas concurrentes que trabajan en países de economía de mercado (y por tanto con esquemas de costes equiparables, sin intervención estatal) aparecen en los últimos años otras empresas competidoras radicadas en China, un país totalitario que impone los criterios económicos a las empresas, las cuales producen millones de artículos a precios ‘competitivos’ especialmente por la precariedad de salarios y duración de las jornadas de sus trabajadores.

Si el lector quiere obtener una buena información sobre el modelo chino puede consultar el libro de Claudio F. González, ‘El gran sueño de China. Tecno-socialismo y capitalismo de Estado’. En el se refleja con exactitud lo que saben las empresas de todo el mundo, que no es otra cosa -resumiendo mucho- que el modelo productivo de China no es equiparable en modo alguno al de los países democráticos. No cabe pues aplicar criterios válidos de la economía liberal a la economía dirigida, ya que esta siempre jugará con ventaja a la hora de competir en precio en los mercados.

El problema de los fabricantes de mascarillas será muy pronto (ya lo es en cierto grado) el de otras muchas empresas fabriles, algunas pertenecientes a sectores estratégicos, que tan importantes se han mostrado durante la pandemia (farmacéuticas, componentes industriales clave, etc.). España, así como el bloque de países europeos, acabará siendo una comparsa en el concierto mundial a no ser que se vayan modificando, al menos, determinados procedimientos de las Administraciones.

Francisco Bono Ríos es economista

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