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La internacional del delirio

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 31/12/2021 A LAS 05:00
A supporter of President Donald Trump confronts police as Trump supporters demonstrate on the second floor of the U.S. Capitol near the entrance to the Senate after breaching security defenses, in Washington, U.S., January 6, 2021.         REUTERS/Mike Theiler[[[REUTERS VOCENTO]]]
Asaltantes en el interior del Capitolio de Estados Unidos, el pasado 6 de enero
Mike Theiler/Reuters

La Fundación del Español Urgente ha elegido ‘vacuna’ como la palabra de 2021. Cómo no.

El anterior ejercicio fue ‘confinamiento’, claro, y en este los vocablos relacionados con la covid han seguido presentes en las candidaturas. Se ha discutido, por ejemplo, también sobre ‘negacionista’, que alude a un fenómeno mucho menos importante que la principal baza de la humanidad para enfrentar la pandemia, pero para nada desdeñable.

En España son pocos. Pueden aproximarse unos cálculos quitando de ese aproximadamente 10% de adultos sin vacunar quienes no han querido pincharse no por creer que tras la aguja se esconde un gran complot, sino que eligieron esa opción sin motivo alguno o por pereza, miedo, egoísmo, ignorancia, estupidez o un cóctel de todo. Hechas las restas, queda una población muy marginal en la que coinciden conspiranoicos, ultraderechistas, naturistas desvariados, obsesos con su cuerpo, artistas en horas bajas… Gentes que basan decisiones individuales y colectivas, y no solo las relativas a la salud, en fabulaciones acientíficas, como si la realidad no fuera en los últimos tiempos suficientemente disruptiva, rara y exigente; que dicen luchar contra unas fuerzas del mal que quieren dominar el mundo, cuando al final todo siempre resulta más pedestre y esos supervillanos hacia los que apuntan son como mucho unos sociópatas cualquiera que quieren mantener sus privilegios.

Son pocos, pero algo alimentan esta pandemia de nunca acabar. Y alejan con sus maneras, además, debates oportunos, como el del imperio de las farmacéuticas, o el de la renuncia a las libertades que tan mansamente hemos aceptado en estos meses, ya casi años, de coronavirus. Unos cuantos, además, se manejan con creciente fanatismo, coquetean con las amenazas, y se están relacionando con sus semejantes en otros países que han ido mucho más allá, animando una internacional del delirio. Termina hoy un 2021 que se desperezó el 6 de enero con el Capitolio de Estados Unidos siendo asaltado por una turba de negacionistas (de la victoria de Biden, sí, pero también del cambio climático, de las propias vacunas o hasta de la forma esférica del planeta) con un tipo disfrazado de búfalo al frente.

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