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Cartas al director de HERALDO: La Constitución: pacto y parto brillantes

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  • Cartas al director
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 27/12/2021 A LAS 05:00
Ejemplar de la Constitución Española de 1978 guardado en el Congreso de los Diputados.
La Constitución: pacto y parto brillantes.
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La Constitución: pacto y parto brillantes

Tengo 87 años. Hace 43, en Barcelona por estos días recibí una carta, donde decía que, me tocó presidir una mesa de votaciones para el referendo de la Constitución. 

Me habían asignado un cuartito donde había bolsas llenas de papeles y papeletas. Todo era poco menos que un caos. Tuve que organizarme como fuese. En otra bolsa había pan y un pollo asado. Al final todo salió bien. La prueba es que aquí estamos disfrutando de paz y democracia. Y es justo celebrarlo, pero ¡qué mal se celebra! Estoy desencantado con mi ambicioso presidente, aliado con la tropa enemiga, más peligrosa que un niño aprendiz de brujo. ¡Qué poco y mal valoramos lo que tenemos! Es lo que pasa con la salud cuando la disfrutamos. En fin, a mis años tener que ver este país hoy como siempre, zarpa a la greña, teniendo la mejor Constitución, es un desastre y una pena. Y dicen: ¿conocer la historia para no repetirla? Y libertad sin ira. Al negocio de Pedro Sánchez con formaciones políticas contrarias a la Constitución lo llamo embrollo. ¿Quién lo desembrollará? El desembrollador que lo desembrolle, buen desembrollador será. Pues ya lo vemos, muchos hilos y líos de la madeja que, a cada tirón está más enredada. Mala pareja de mulos o bueyes ha elegido el nuevo San Isidro labrador de Madrid para España. ¿No estamos viendo el montón de cizaña que nos ha traído su cosecha? Trigo limpio apenas casi nada. Ni harina para el pan de las tostadas en los desayunos, escuchando las malas noticias. Pues sí, señoras y señores, tenemos la mejor Constitución habida y por haber, y unos descerebrados con sueños faraónicos la manosean y la quieren destripar. ¿No serán los autores de lo políticamente correcto, ansiosos de otra dictadura? Lo dicho por Shakespeare: unos locos guiando a unos ciegos.

Luis Buisán Villacampa. Barcelona

La carta

Eran las 12 en punto, la hora fijada. Fueron entrando y sentándose. Tres de ellos, mayores de 60 años; cinco, de entre 20 y 30. La mayor abrió el sobre de últimas voluntades de su madre y abuela y leyó: «Yo, Carmen, siguiendo el deseo de mi nieta María, dejo una carta para cada uno de vosotros. Un día, hace tantos años, preguntaba a María si había algún objeto concreto que le gustaría que le dejara como recuerdo. Pensaba en un disco, un libro, una película... Y ella me contesto: “Me haría mucha ilusión que me escribieras una larga carta y yo, de vez en cuando, la leería y te seguiría recordando». Lo comentó en algún momento y todos querían su carta. Me pareció muy bonito preferir algo tan personal, tan sencillo, una carta que metes y sacas del sobre y vuelves a leer. Lo hizo, y cada uno se fue con su carta en la mano. Es verdad que se vive deprisa, pero encontrar un rato para escribir es mucho más tierno que recurrir al móvil, con sus abreviaturas y salpicado de emoticones.

Pilar Cavero García-Rivero. Zaragoza

Oportunidad perdida

¡Qué ocasión ha desperdiciado el PAR para resarcir de la traición que consumó con el impuesto de sucesiones al llegar al poder! Se abstuvo en la votación de las Cortes para la bonificación del impuesto de sucesiones y donaciones, permitiendo que siga el agravio frente a otras comunidades. ¿Por qué los aragoneses tenemos que pagar más que otros españoles? ¿Dónde está ese aragonesismo del que hacen gala? La excusa de la pérdida de ingresos es muy débil y parece que no les preocupaba antes de llegar al gobierno; la solución es tan fácil como gastar menos y gastar mejor. Por no hablar de esa especie de prevaricación en la que incurren cuando se excusan diciendo que «los señores de otro partido tuvieron la ocasión y no lo hicieron»; entonces, ¿porque otros hagan mal las cosas ellos también tienen que hacerlas mal? O la excusa del respeto al pacto de gobernabilidad, en lugar de demostrar honestidad con Aragón, sus votantes y ser claros con quien les mantiene en el poder. Esto tampoco les preocupaba en octubre pasado, cuando dijeron lo contrario. No me extraña que este histórico partido esté en tal estado de degradación. Si tuviera la ocasión, le pediría al Sr. Aliaga que reflexionase sobre la palabra ‘sucesiones’, principalmente en la acepción impositiva, en soledad, con su experiencia en la vida, con lo bueno y lo malo, y si merece la pena ir contra sus propias palabras, ideas y contra la igualdad entre todos los españoles, solo por estar en el poder. ¿Qué tendrá la moqueta del Pignatelli?

José Luis Martínez Milián. Zaragoza

Objeción de conciencia

Elegir cuánto y hasta cuándo se quiere sufrir si no hay posibilidad de salvar la vida es una cuestión harto peliaguda si depende de otro aplicar la medida definitiva a pesar de la ley de eutanasia. A 25 de noviembre, 523 médicos, 90 enfermeras y 6 farmacéuticas en Aragón se habían declarado objetores de conciencia ante la aplicación de la eutanasia. Dejan al paciente que quiere morir a la intemperie. Que quien tiene que aplicar una ley pueda negarse supone que quienes se pueden beneficiar quedan desatendidos en sus derechos. Me parece muy bien que su misión consista en salvar vidas, pero cuando la vida es insalvable y el dolor inaguantable, ¿a qué clase de moralidad se acude en perjuicio del paciente? Sucede lo mismo en el caso de la ley del aborto, que unos médicos se niegan a practicar. Quienes alegan objeción de conciencia ante un aborto o una eutanasia no se ponen en el lugar de los otros y alegan motivos éticos o religiosos, morales o filosóficos. La Constitución solo reconoce la objeción de conciencia al servicio militar, después de que varios jóvenes pagaran por ello con la cárcel. El Tribunal Constitucional admite la objeción de conciencia como un derecho de los ciudadanos. Tres leyes regulan este derecho: la del servicio militar de 1984, la del aborto del 2010 y la de eutanasia de 2020. Para los pacientes, una ley de eutanasia es una esperanza que se ve truncada a menudo por los escrúpulos morales de sanitarios que cuando no pueden sanar tampoco suprimen el sufrimiento, a no ser con medidas paliativas aunque no sean suficientes en muchos casos.

Martina Pellejero Cuéllar. Zaragoza

Comparación injusta

Cuando veo fotos de la riada del Ebro junto a las de un río Júcar semiseco me hierve la sangre. Es como comparar una gota fría con un Ebro en verano. Y vuelve a resurgir el trasvase del Ebro. Las obras del Pacto del Agua van lentas, por lo que mientras Aragón no tenga sus necesidades y la reserva cubiertas es ilógico pensar en trasvases. Aragón no tiene playas y pocos campos de golf pero sí tierras resecas y pueblos sedientos que claman soluciones. Aprovechar las riadas para sacar tajada de las desgracias ajenas ni parece ético ni justo.

Joaquín Palacios Latasa. Zaragoza

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

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