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España debe aprovechar la encrucijada

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  • Editorial
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 26/12/2021 A LAS 05:00
Discurso de Navidad del rey Felipe
Discurso de Navidad del rey Felipe
Ballesteros

Consciente de su papel institucional y constitucional, el Rey ha aprovechado su mensaje de Navidad, la noche del viernes, para glosar los grandes retos que la sociedad española tiene por delante: desde la transformación digital a la necesaria solidez del Estado del bienestar, pasando por el cambio climático, la inclusión o la igualdad entre hombres y mujeres. En un discurso muy enfocado en el futuro, ha calificado el momento que vive el país de «encrucijada», pero acertadamente la ha interpretado como una oportunidad histórica para ponernos al día, para modernizar nuestra nación, manteniéndonos firmes en los principios democráticos. Interpretando ajustadamente el papel que le confiere la Carta Magna, el jefe del Estado ha vuelto a recordarnos a todos los valores que nos han deparado cuarenta años de progreso y paz sin parangón en nuestra historia: unidad frente a la división, diálogo frente al enfrentamiento, respeto frente al rencor, espíritu integrador frente a la exclusión

En un discurso tan importante como es el de Nochebuena, que concita la atención de millones de ciudadanos muy conscientes de la importancia que tiene la Corona como garante de nuestro sistema democrático, el Monarca se ha solidarizado con las víctimas del presente (de la pandemia, de la crisis económica y también del volcán de la isla de La Palma), ha reivindicado el pasado democrático (la Constitución de 1978) y ha reflexionado sobre el futuro. El pesimismo y la conformidad no son en ningún caso una opción y por ello ha invitado a todos a superarse, a adaptarse a una sociedad cambiante, a perseverar en la formación necesaria para estar al día y a encarar los desafíos con exigencia y basándonos en los principios liberales y los valores de convivencia.

El mensaje de Nochebuena, el octavo desde su coronación, le ha servido para reiterar su firme voluntad de estar junto a los ciudadanos en los momentos complicados y junto a los jóvenes. Tampoco ha faltado una referencia a los supuestos comportamientos irregulares del rey emérito y a las regularizaciones fiscales que ha ejecutado. Felipe VI ha subrayado el deber de las instituciones, también de la Corona, de «tener siempre presente los intereses generales, pensando en los ciudadanos, estar permanentemente a su servicio y atender sus problemas». Todo ello cumpliendo la ley y siendo, además, ejemplo «de integridad pública y moral». Este llamamiento a la legalidad y a la ética atañe a todas las instituciones, también a los partidos políticos, incluidos los que, aún siendo socios y aliados del Gobierno, intentan minar nuestro régimen constitucional con inaceptables comportamientos antisistema. 

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