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Sin ‘ongi etorri’

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 05/12/2021 A LAS 05:00
Foto del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza el 11 de diciembre de 1987
Foto del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza el 11 de diciembre de 1987
Archivo Heraldo

Ahora los aurreskus los bailarán atravesado el zaguán. 

Ahora alzarán las copas para gritar gora ETA con las andorgas bien llenas dentro de los caseríos. Vamos, lo que han hecho siempre. El cinismo de esta gente de mucho tiro y poca reflexión llegó al punto sublime esta semana cuando decidieron que después de 40 años de matar y escupir al resto de víctimas que habían dejado vivas había llegado el momento de frenar los homenajes a los gudaris. Un gran reflejo de su humanidad, un súbito reconocimiento del dolor infligido, una especie de advenimiento hacia la paz definitiva. En realidad, una trola marcada por Otegi y perfectamente coordinada con el Gobierno central: tú me acercas a los presos, yo te digo que me solidarizo con las víctimas. Tú me das las competencias de prisiones y la ETB en Navarra y yo te digo que reconozco el dolor causado

Lo de menos, pedir perdón, condenar la violencia y ayudar a esclarecer los más de 300 crímenes sin resolver. ¿Para qué? En la curiosa visión antropológica de estos demócratas liderados por un secuestrador se intenta colar una política cuestionable hacia el conjunto de los ciudadanos, que sí son conscientes del precio que está pagando el Gobierno por el voto de Bildu. ¿No le parecía al presidente Sánchez indigno pactar con Bildu en Navarra hace tres años? El PSOE navarro, naturalmente, pactó con Bildu -lleva ya dos presupuestos además de la investidura- y el modelo lo ha trasladado el propio presidente a la Moncloa. Más cerca de Bildu que de Ciudadanos o del PP, algo asombroso para un país que ha sufrido durante décadas el fascismo del tiro en la nuca. 

En este año que termina, esos piadosos cofrades de la pistola han organizado 192 homenajes a presos, pero ahora nos dicen que no van a realizar ni uno más. Será más bien que quedan pocos. Si la decadencia política no se corrige a corto plazo, el mayor ‘ongi etorri’ se lo van a dedicar estos señores no a un terrorista sino a un Gobierno de coalición que les ha desplegado la alfombra de la vergüenza porque no quiere comprender que el límite del poder siempre debe situarse en el respeto hacia los representados, en el punto exacto donde una sociedad se manifiesta de forma libre y democrática en pro de su desarrollo. Y, ahí, Bildu no cabe, pese a los enjuagues de Sánchez.

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