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Gran Dimisión

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 02/12/2021 A LAS 05:00
'Gran Dimisión'
'Gran Dimisión'
Pixabay

El último año ha supuesto una prueba de fuego para la mano de obra estadounidense, que abandona sus empleos de forma masiva. 

Los especialistas se preguntan qué está pasando, mientras la oferta de trabajo supera la demanda durante varios meses consecutivos. Mucho tiene que ver el revulsivo de la covid, que ha abierto los ojos de quienes no querían ver. Más allá de los afectos, ese sistema obsoleto acusa, por fin, sus carencias. Como no está reconocido el derecho a huelga, y te juegas el puesto de trabajo o el estatus migratorio en caso de manifestar públicamente tus desavenencias con el centro laboral, una de las pocas alternativas es dimitir. Así, los que están hasta el moño de vivir de las propinas, sin saber si contarán con un salario mínimo todos los meses, o quienes no ejercían sus labores en el marco de la legalidad. La guardería cuesta más de lo que ganan (he sido testigo); el dentista es un personaje de ciencia ficción; y la leche, un artículo de lujo que el gobierno proporciona únicamente a los pobres de solemnidad. Por eso, cuando leo que ciertos iluminados se llevan las manos a la cabeza porque alguien inquiera sus condiciones salariales en una entrevista de trabajo, me pregunto si su alquiler, o su hipoteca, si la comida de sus hijos se paga con ganas, ilusión y expectativas. No existe tal criptomoneda. Qué bonito es aprender, hacer prácticas, tener experiencia y aspiraciones. Pero mejor es correr con los gastos de tu vida sin pedir el favor a nadie. Un contrato digno. Una nómina. Entonces empezaremos a hablar de libertad.

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