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Cartas al director de HERALDO: El coste del innecesario retratico

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  • Cartas al director
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 02/12/2021 A LAS 05:00
Pedro Sanstisteve, en una exposición sobre el Mercado Central, obra que aparecerá en el cuadro
El coste del innecesario retratico.
Oliver Duch

El coste del innecesario retratico

Tengo un amigo que en todas las juergas canta la misma canción mexicana, ‘El retratito’. Él, muy aragonés, la ha rebautizado como ‘El retratico’. Y la borda. 

Me he acordado cuando he leído la noticia de los 11.000 euros que ha costado el retratico de Pedro Santisteve que colgará en el salón de recepciones del Ayuntamiento para cumplir con la tradición de que todos los alcaldes sean recordados de esa manera. A mí me parece un despilfarro que se utilice el dinero público para satisfacer el ego de los que ejercen el poder. El Ayuntamiento de Zaragoza no es la única institución que derrocha en hacer retraticos. En otros tiempos, tal vez fuera necesario que un pintor dejara constancia de cómo eran aquellos que nos habían arruinado o mejorado la existencia, porque a la hora de hacer retratos no se distingue entre buenos y malos. Hoy, los políticos son retratados cientos de veces todos los días en la prensa y la televisión. Yo he trabajado en varias empresas multinacionales y en ninguna he visto una sala con retratos de los sucesivos presidentes o consejeros delegados. Propongo una solución intermedia: que en las instituciones que tienen por tradición colgar un retrato de sus alcaldes, presidentes o ‘consellers en cap’ el importe de la pintura, fotografía, dibujo o caricatura lo paguen el exalcalde, expresidente o ‘exconseller en cap’. Sin límite en el presupuesto. Pueden gastarse de su bolsillo cien euros, dos mil, once mil o noventa y cinco mil trescientos veinticuatro euros. Y de paso, podrían hacer copias en formato pequeño para que los familiares, esposos y esposas, seguidores y seguidoras guardasen el retratito en sus carteras y, como dice la canción mexicana, la que canta mi amigo, por la mañana lo mirasen muy temprano y por la noche lo tentasen con la mano.

Evaristo Torres Olivas. VILLARQUEMADO (TERUEL)

¿Hay quien dé más?

Ya no será necesario tener aprobado todo el Bachillerato para pasar al Acceso a la Universidad; se puede pasar de curso con dos asignaturas suspendidas. Y tampoco habrá recuperaciones en la ESO. ¡Qué alivio! De un plumazo nos cargamos los traumas y disgustos familiares que veníamos sufriendo a causa de los suspensos escolares. Por si sirve, allá va una fábula (sin animales parlantes) que escuché en boca de un antiguo colega. La moraleja la dejo al libre criterio de quien lea estas líneas. Érase una vez un profesor que quiso socializar el sistema de calificaciones porque le daba pena ver sufrir a los alumnos menos aventajados por el trauma del suspenso. «De hoy en adelante, las notas van a ser colectivas y nadie va a ser superior ni inferior a los demás por culpa de un sistema antisocial. La nota para todos será el promedio de toda la clase. Eso, sí, todos vamos a ser responsables y a trabajar por el bien común y deberemos esforzarnos más que antes». Así se hizo y llegó el primer examen. Y no hubo más que una nota general, la que coincidía con el promedio colectivo, y no fue mala: un 6,5. Qué cara de felicidad en algunos ; nunca con el mismo esfuerzo que antes habían alcanzado tal nota con el antiguo sistema; pero un punto de insatisfacción e injusticia para unos cuantos que habiendo trabajado bastante, esta vez en aras del bien común fueron a su juicio merecedores de mejores notas a título individual. Llegó un segundo examen, pero el resultado fue decepcionante: un bajón significativo. Para qué esforzarme más si los demás me van a salvar, pensaron unos. Y yo, para qué matarme si no voy a ser recompensado por mi esfuerzo, fue la consideración de otros. Ante tales planteamientos, el resultado general cada vez fue peor. Hubo dimes y diretes sobre el sistema. El complaciente profesor pensó si lo mejor no sería terminar con los suspensos y tener a todos contentos. Supongo que ya hará bastantes años que el profesor que quiso socializar el sistema de las calificaciones se jubiló sin encontrar la piedra filosofal del asunto. ¿A dónde nos llevan todas estas disposiciones tan avanzadas que quieren simplemente hacer al alumno feliz?

Agustín Gimeno Villarig. Zaragoza

En la frontera polaca

Estoy en casa cómodamente con los ojos puestos en la televisión, viendo la noticia acerca de la crisis migratoria en la frontera entre Bielorrusia y Polonia. En este momento, mi reflexión es la siguiente: ¿Por qué unos tenemos la gran suerte de vivir de forma digna, sin grandes carencias y sin llegar a plantearnos las razones por las que miles de personas huyen de sus hogares? Algunos de ellos tienen que abandonar su trabajo y pasan todo tipo de infortunios, faltándoles la salud y la seguridad. Necesitan reconstruir su vida en otro lugar, sin contar, muchas veces, con una asistencia humanitaria y expuestos al rigor de un clima hostil. Entre estos migrantes hay varios afectados por serios conflictos, como Siria, Libia, Irak y Afganistán. Cuando la guerra amenaza directamente, la única opción para conservar la vida es partir. Sin embargo, durante el camino, afrontan múltiples riesgos y un alto grado de vulnerabilidad, aparte de las nuevas políticas migratorias que desaniman a muchas personas. Me estremecí al leer la terrible experiencia de un refugiado afgano, donde cuenta que estuvo catorce días andando por el bosque con su mujer y sus dos hijos. En ese tiempo fueron devueltos varias veces al lado bielorruso. Relata que pasaron mucho frío y que ese bosque era un infierno helado en la tierra. Siento miedo al pensar que esas situaciones que se van repitiendo cada vez más nos puedan volver impasibles ante el dolor, y que al verlo y oírlo a través de la pantalla del televisor, se convierta en una especie de película de aventuras en la que los más débiles mueran o no puedan rehacer su vida y los más fuertes sobrevivan a ese apocalipsis.

Gema Abad Ballarín. REUS (TARRAGONA)

La erupción volcánica y su terminología

Pensábamos que las catástrofes que causaban los volcanes sucedían en países lejanos y exóticos (salvo en el caso de volcanes italianos como el Etna), que los volcanes canarios estaban dormidos y bien dormidos, como si estuviesen muertos. Pero la erupción del volcán de Cumbre Vieja nos ha sacado del error. Un volcán dormido, como una persona dormida, puede despertar en cualquier momento. Nunca antes, ante las erupciones de otros volcanes, nos enteramos tanto como ahora por el volcán canario de los términos que acompañan a su actividad. Y algunas palabras ni las conocíamos, como ‘piroclasto’, que es cualquier fragmento sólido de material volcánico expulsado durante una erupción, desde los de menor tamaño, como las cenizas, hasta los mayores, las bombas volcánicas. La página web del ‘National Geographic’ nos informa por añadidura del origen grecolatino de los términos volcánicos. Piroclasto está compuesto por las palabras griegas ‘pyr’ (fuego) y ‘klastós’ (roto).

Martina Pellejero Cuéllar. ZARAGOZA

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

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