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Friegas y sabañones

Por
  • Mariano Gállego Palacios
OPINIÓNACTUALIZADA 25/11/2021 A LAS 05:00
El primer temporal del invierno ha dejado hasta 20 cm en las estaciones de esquí del Pirineo aragonés.
'Friegas y sabañones'
Heraldo

Probablemente sea la nieve el meteoro más poético y conmovedor, sobre todo para quienes nos hemos criado en las montañas conviviendo con un fenómeno atmosférico que cuando llega, como ha ocurrido esta semana en Aragón, nos sigue provocando la misma alegría y fascinación que nos produjo cuando de niños nos regaló esa excitante, divertida y heladora primera vez. 

Manoplas mojadas, nieve hasta las rodillas y bolas apretadas que conforme rodaban ladera abajo aumentaban espectacularmente de grosor hasta configurar enormes rodillos blancos que nos servían para levantar gigantescos muñecos en los glacis de la ciudadela de Jaca. Pese a los pasamontañas y guantes de gruesa lana con que nuestras madres se empeñaban en cubrirnos, las narices y orejas acababan enrojecidas por un frío que amortiguado por la ilusión del momento no sentíamos hasta regresar a casa, cuando después de poner a secar la ropa chipiada y recibir un par de gritos mamá nos daba friegas para aliviar la picazón de los ardientes sabañones.

Supongo que todos hemos sentido alguna vez la paz que transmiten los copos al caer suavemente mecidos por el aire. Una serenidad que tan bien describe Ros Beret en su novela ‘No hay silencio como el de la nieve’. Y el placer mundano que nos regala su crujido cuando la pisamos por primera vez. La nieve virgen tiene algo de lienzo en blanco uniformizador, que cubre aristas y hondonadas, allana el paisaje y le confiere una pátina artística que resalta la belleza natural que ya de por sí atesoran las montañas. Y las pisadas sobre el manto níveo se antojan los caracteres de un idioma que nos indicará hacia dónde se dirigen nuestros pasos o de dónde vienen los ajenos. Nada mejor para un rastreador de huellas que una buena nevada. Pisadas leves de pájaros, rastros más profundos de perros u otros animales, marcas de ruedas de carros y bicis, huellas sinuosas de esquiadores...

La nieve ya está aquí y parece que se intensificará este fin de semana para alegría de todos los que viven de este cautivador meteoro. Un obsequio del cielo convertido en solaz entretenimiento y fuente de trabajo estacional en el Aragón más montañoso.

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