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Revolución: nada

OPINIÓNACTUALIZADA 22/11/2021 A LAS 05:00
London (United Kingdom), 19/07/2021.- Demonstrators scuffle with police during an anti lockdown protest in Parliament square in London, Britain, 19 July 2021. The British Prime Minister, Boris Johnson is self isolating in Chequers during what has been dubbed as 'freedom day' after England lifted many of its remaining COVID-19 restrictions on 19 July. (Protestas, Reino Unido, Londres) EFE/EPA/FACUNDO ARRIZABALAGA Freedom Day in England, as many COVID-19 restrictions are lifted
'Revolución: nada'
FACUNDO ARRIZABALAGA

Fuimos a Cheste a despedir a Valentino Rossi, que es un tipo que a mi novia la vuelve loca.

Sesenta euros de entrada para sentarme en una grada con asientos más guarros que el palo de un gallinero, a escuchar cómo ella le grita "Dale, Vale", o que se gire y me diga: "Mira que es guapo". En fin, al menos me hace aprender un deporte que para mí era ajeno. La cosa es que nos cogimos el tren para ir primero a Valencia y ahí ya se encuentra uno con los primeros revolucionarios de la nada. Gentes de entre 20 y 40 años que van con la mascarilla bajada intuyo que en señal de protesta, contestataria, por aquello de no seguir las normas. Los detecto porque tienen una posición para sentarse entre lo chulo y lo prepotente; una iba hasta mascando chicle al estilo en que rumian algunos animales. Están como haciendo una revolución para salirse de una norma que les afecta como individuos pero que salva al colectivo. Van al revés del mundo pero, desde algún punto de su educación, algo o alguien les dijo que se sintieran especiales, y así estamos.

La mascarilla por la barbilla es una rima y un testimonio que se suma como prueba casi policial a aquello que llevábamos detectando años: nadie quiere pertenecer a un colectivo general y eso parcela cada vez más las luchas, al punto de que nadie se quiere sentir parte de algo llamado pueblo o sociedad. Y de ahí algunos extraen la lectura de que llevar mascarilla es ponerse el cencerro. Una reflexión que no creo que ande muy lejos, a su vez, de la falta de movilización que ese perfil de personas ejemplifica cuando les toca ser contestatarios contra normas o circunstancias que sí perjudican a la mayoría.

Les ha pasado lo mismo a los antivacunas, muchas veces personas sin ningún tipo de activismo ni esfuerzo previo conocido por el bien común, que de repente se han puesto a leer documentos de falsas universidades del inframundo para decirnos que no sigamos la corriente general y que luchemos. La pregunta clave aquí es: ¿contra qué o contra quién? Es en esa nebulosa del enemigo invisible, genérico, donde se acomoda su falso compromiso y la almohada de su saciado ego. Otro síntoma de los tiempos que llegaron para hacernos sentir especiales dudando de lo que nos acerque a los padecimientos del resto. Un compromiso que parece un negocio.

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