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LA ROTONDA

Reñir o no reñir

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 12/11/2021 A LAS 12:08
Debate sobre el estado de la comunidad
Debate sobre el estado de la comunidad
Oliver Duch

El pasado octubre los dos grandes partidos se reivindicaban como referentes del sistema político español, tras cuarenta años de democracia y dos crisis severas, y varios intentos de menoscabarlos por la izquierda, la derecha y el centro. 

A todos ellos se han sobrepuesto, en muchas ocasiones a pesar de sí mismos. Lo estamos viendo de nuevo con la pelea que protagoniza el PP de Madrid, comunidad donde la difusión de encuestas favorables a sus intereses ha desatado la carrera para tomar posiciones, por si se pasa del poder local al nacional hallarse bien situados. Pero mientras en la capital riñen y ponen en evidencia que tienen dentro demasiados oportunistas, en el resto de España los populares sufren porque no todos disponen de los mismos recursos y, por lo tanto, de las mismas posibilidades, y determinadas sobreactuaciones ayudan poco.

Superada, con no pocos sufrimientos, la pandemia, hay por delante un complejo
horizonte en el que Aragón se presenta con algunas ventajas

Esa desigualdad entre comunidades es tan real que ningún líder nacional ha podido impedir la reunión de varios presidentes autonómicos que, al margen de la orientación de su gobierno, comparten los problemas que traen la despoblación y el envejecimiento. Se verán el próximo 23 para aunar la defensa de sus intereses. Allí estará Javier Lambán, uno de sus líderes intelectuales que, con gran criterio, ha reformulado la exigencia de una financiación autonómica justa como un problema territorial y de Estado, y en absoluto partidista. Prestar servicios en los confines de España es bastante más caro y más difícil que en Madrid y así hay que abordarlo y pactarlo. Da igual el color de quien gobierne en cada momento. A todos les gustaría rebajar los impuestos como hace la capital, pero solo en ella se concentra un 22% del PIB que lo hace posible.

Donde no existen esos recursos hay que explorar otra vías, como la apuesta por el pacto que tan acreditada tiene Aragón y que ha sido la columna vertebral del mensaje del presidente aragonés en el debate del estado de la Comunidad. Las elecciones las ganarán o perderán quienes los electores digan, pero en el PSOE, y especialmente en el aragonés, como se visualizó el pasado domingo en el 17 Congreso celebrado en Zaragoza, están poniendo todo de su parte para exhibir unidad y buscar en el entendimiento sus cartas de futuro.

Superada la pandemia, no sin sufrimientos personales y colectivos, hay por delante un complejo horizonte ante el que Aragón se presenta con varias ventajas. Seguirá la despoblación, pero a la vez la situación geográfica se está rentabilizando y numerosas empresas tienen inversiones en marcha o previstas. Lambán cree que la estabilidad y la previsibilidad de Aragón han sido claves y que merece la pena mantenerlas en la Estrategia Aragonesa de Recuperación, para que trascienda a esta legislatura, gobierne quien gobierne la siguiente.

La estabilidad política es un aspecto favorable para la Comunidad, pero hay que conseguir una financiación adecuada

Cuando estamos ya en el tiempo de descuento hacia las próximas elecciones no parece fácil rubricar físicamente ese acuerdo. Pilla al principal partido de la oposición en Aragón en plena mudanza de liderazgo y estrategia; y Ciudadanos, bastante tiene con defenderse de su propia deriva. Obviamente, los partidos coaligados ya están dentro, con el consiguiente confort pero con una proyección política desdibujada. En lo que llevamos de legislatura, si hay un ganador es el presidente, que ha conseguido incluso que sus coaligados silencien sus discrepancias. Y ahora, la reivindicación de la vena aragonesista que aportó el PSA al PSOE puede afectar a un PAR demasiado roto y a una Chunta sin crisis y con gestión, pero muy neutralizada en el paisaje político.

Lambán hace lo que debe en defensa de la posición de su partido y de su gestión política, pero, para los demás, supone costes. Entre reñir y pactar, desde luego, viva el entendimiento. Pero los grandes proyectos y apuestas de Aragón necesitan más debate por parte de todos. Sin debate, sin propuestas y contrapropuestas, sin que hablemos de las luces pero también de las sombras de las grandes apuestas, se abona el terreno a los abusos y a la desafección. Y ningún interesado en construir un Aragón mejor, empezando por el presidente, desea que eso ocurra.

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