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Papagayos

OPINIÓNACTUALIZADA 31/10/2021 A LAS 05:00
'Papagayos'
'Papagayos'
Pixabay

Escribía el miércoles Juan Luis Saldaña en contra de esa moda –que a veces es plaga– de lo que algunos llaman lenguaje ‘inclusivo’. 

Que tal vez sea políticamente correcto, pero con frecuencia es lingüísticamente incorrecto, cuando no absurdo; o todavía peor, cansino, tedioso y embarullado. Lean la sabrosa columna ‘Lenguaje inclusive’ de Saldaña y tomen nota de su consejo. Pero yo quisiera resaltar sobre todo la frase final, que me parece una acertada reflexión y una señal de alerta. "No podemos permitirnos como sociedad que nuestros maestros tengan que hablar como políticos", nos dice Saldaña. Y tiene más razón que un santo. Ni los maestros, ni los periodistas, ni los científicos, ni los camareros ni nadie debería caer en la tentación de hacer suyo el lenguaje insano de los políticos. Ni siquiera los políticos deberían hablar como políticos. Sería mucho mejor para todos que aprendiesen a hablar como la gente corriente. 

Me temo, sin embargo, que lo que está pasando es lo contrario. Que el lenguaje de los de arriba, con sus falsas inclusividades, su tonillo burocrático y su arsenal de tópicos hueros, va calando hacia abajo. Y al final todos hablaremos como si fuéramos políticos. Y, desde luego, no nos entenderemos. Pero acierta y mucho Saldaña, es esencial que los maestros formen la primera línea de resistencia contra esa perversión en la manera de hablar y de escribir, porque son ellos quienes más responsabilidad tienen en la transmisión a los jóvenes del registro culto de nuestra lengua. 

No hagamos de los niños unos papanatas. No nos convirtamos todos, como previene Saldaña, en "papagayos y papagayas, ambos inclusive". No, por favor.

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