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El riesgo se democratiza

OPINIÓNACTUALIZADA 30/10/2021 A LAS 05:00
'El riesgo se democratiza'
'El riesgo se democratiza'
ISM

Cuando Ulrich Beck, uno de los referentes de la sociología contemporánea, empezaba a dar a conocer su teoría de la ‘sociedad del riesgo’, sobrevino la catástrofe de Chernóbil (1986). 

El mayor accidente nuclear de la historia puso de manifiesto la pertinencia de su análisis. Después han surgido otras crisis que han reafirmado su tesis: las vacas locas, la recesión financiera de 2008 o el coronavirus.

Según el sociólogo alemán, las fronteras que delimitan la desigualdad y la inseguridad, basadas tradicionalmente en estructuras de clase y que afectaban a colectivos sociales homogéneos, están siendo alteradas por procesos de individualización y de fragmentación familiar y social. La globalización y la revolución tecnológica impulsan este cambio. La consecuencia es que el riesgo se democratiza, pudiendo afectar de manera inesperada a personas y grupos que hasta ahora habían disfrutado de unas seguras condiciones vitales.

En los países ricos, vivimos dentro de una burbuja y rodeados de pantallas que nos aislaban de la realidad. Pasando de una cápsula a otra (nuestras viviendas, coches, oficinas y centros comerciales) creemos que hemos llegado al punto que todas las civilizaciones buscan: el aislamiento de los peligros naturales. Sin embargo, constantemente surgen riesgos que alcanzan a todos.

Las sociedades contemporáneas están atenazadas por el miedo a la inseguridad
que, en buena parte, ellas mismas provocan y que no saben cómo abordar

El cambio climático, la tecnología o las migraciones son ejemplos de fenómenos globales que generan desigualdad y miedos. La nueva sociedad global es una sociedad en la que la naturaleza ha quedado incluida en el sistema industrial. Como contrapartida a esta naturaleza socializada, se ha socializado también la destrucción del medioambiente, convertida ahora en amenaza social, económica y política. De este modo, las fuentes de riqueza están contaminadas por la creciente amenaza de sus efectos secundarios.

Este pasado verano vimos olas de calor de 50° en Turquía y Grecia; incendios forestales que ya no se pueden apagar (de sexta generación) en Siberia, California o Málaga; lluvias torrenciales en Alemania; heladas fuera de temporada en Francia. Estos hechos ilustran la multiplicación de los fenómenos meteorológicos adversos que responden al cambio climático acelerado que sufre el planeta. Ha ocurrido en Europa y también en Estados Unidos, Australia o China.

Centenares de expertos reunidos por la ONU advierten que la previsión es demoledora: pronostican desastres sin precedentes porque las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado de forma acelerada. Ante esta tesiturita, el propio Ulrich Beck incidió en la importancia de repensar el progreso desde lógicas transnacionales y cosmopolitas. Creía que toda solución nacional está condenada a fracasar ante la mundialización del riesgo. En la misma línea van otros relevantes pensadores, como Martha Nussbaum, Adela Cortina o Michael J. Sandel. Este último señala que la responsabilidad moral no es solo individual, sino que tiene una proyección histórica y colectiva: "Es justo que procuremos dejarles a los hijos de nuestros hijos un mundo que sea habitable".

Ahora bien, el riesgo es tanto una amenaza como una invitación a actuar

A la Humanidad le está costando ser consciente de la inseguridad que genera el cambio climático. Hubo advertencias, como la que lanzó Miguel Delibes en su discurso de ingreso en la Real Academia en 1975: "En la Naturaleza apenas cabe el progreso. Todo cuanto sea conservar el medio es progresar, todo lo que significa alterarlo esencialmente, es retroceder". Pero estos mensajes apenas tuvieron eco.

Medio siglo después, la cumbre COP26, que mañana comienza en Glasgow con extraordinaria atención mundial, es la demostración de que la lucha contra el cambio climático ha pasado de la marginalidad a instalarse en el corazón del poder. Ha costado, pero no es tarde. El riesgo es tanto una amenaza para la seguridad global como una invitación a tomar la iniciativa con visión cosmopolita.

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