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en nombre propio

La vida eterna

Por
  • Víctor Juan
OPINIÓNACTUALIZADA 28/10/2021 A LAS 05:00
'La vida eterna'
'La vida eterna'
Pixabay

La vida eterna son las palabras que nos permitieron entendernos, los rincones de la ciudad en los que fuimos felices, las calles por las que paseábamos cogidos de la mano y que gritan tu nombre, aunque nadie más pueda oírlo. 

La vida eterna es el recuerdo de la luz jugando en tu pelo. Te hago la vida eterna cada vez que pienso cuánto te conmovía el paisaje que ahora contemplo, o cómo disfrutabas acompañándome mientras cocinaba y preparaba tu plato preferido o cómo te gustaba bailar conmigo a pesar de mi torpeza para seguir cualquier ritmo. Te hago la vida eterna cuando ríes en mi corazón, cuando me dejo acariciar por tu voz, cuando soy capaz de dibujar tu rostro y cuando escribo tu nombre con tinta de varios colores en las virutas de papel en las que me cuento quién soy. Hago para ti la vida eterna cuando recuerdo tu manera de guardar mis secretos, de perdonarme y de confiar una y otra vez en mí. Te regalo parte de la vida eterna cuando te quiero tanto, aunque tú ya no puedas quererme o me quieras a tu manera, en ese lugar desde el que sé que me estás mirando. Te hago la vida eterna cada vez que leo tu número de teléfono en mi agenda, cuando al subir a un tren recuerdo los viajes que hicimos juntos o cuando me empeño en hacer realidad nuestros sueños. Creo para ti la vida eterna porque las personas que queremos siempre se nos mueren demasiado pronto, tengan la edad que tengan. Algunas pasan por nuestra vida como una estrella fugaz, iluminándolo todo, dejando a su paso una estela de bondad.

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