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El 1 de octubre de 2017

Por
  • José Luis Moreu Ballonga
OPINIÓNACTUALIZADA 27/10/2021 A LAS 05:00
'El 1 de octubre de 2017'
'El 1 de octubre de 2017'
Heraldo

Quedó atrás el cuarto aniversario del 1 de octubre de 2017 (1-O, en adelante), día del simulacro en Cataluña del falso ‘referéndum’. 

Recuerdo algunos de los hechos, según el libro de 2018 de la profesora Teresa Freixes, catedrática de Derecho constitucional en Barcelona, llamada a asesorar procesos democráticos a más de veinte países de cuatro continentes y siempre crítica, desde su honda sabiduría, con los disparates del independentismo. El libro lo tituló ‘155. Los días que estremecieron a Cataluña’.

Antecedente del 1-O son los que llama Freixes los ‘Plenos de la vergüenza’. Plenos del Parlamento catalán del 6 y 7 de septiembre de 2017, días en que se aprobaron unas ‘leyes de desconexión’ de España mediante una previa, ilegal y urgente reforma del Reglamento de la Cámara catalana, tras la que la oposición (entonces representante de la mayoría social de los catalanes) no pudo objetar, ni discutir, ni enmendar los proyectos de ley. Fue un ataque frontal a la esencia del Parlamento. Se aprobaron así la ‘Ley del referéndum de autodeterminación’ y la ‘Ley de transitoriedad jurídica’, engendros jurídicos, ya hoy declarados inconstitucionales, que pretendían instalar por la fuerza un proceso constituyente al margen y en contra de la Constitución y del Derecho europeo e internacional, y que intentaban crear el germen de un Estado independiente republicano y totalitario, en el que el poder judicial se designaría por los líderes del ‘procés’. Y Estado en el que, por ejemplo, se autoamnistiaban (art. 12, Ley de transitoriedad) los tales líderes de los futuros delitos que pudieran imputárseles, incluso contra condenas en sentencias firmes. Insiste la profesora Freixes en que las leyes de ‘desconexión’ coinciden con el modo en que los nazis consiguieron, con una Ley Habilitante de 1933, suprimir la Constitución democrática de Weimar, sin derogarla formalmente, con simples procedimientos coactivos y de terror.

Los líderes del ‘procés’ independentista catalán actuaron mediante abusos de poder, tretas y engaños para organizar un falso referéndum con una total ausencia de garantías democráticas

Actuaron, para los suyos y con engaño, como si fueran a celebrar un verdadero referéndum. El parlero e inefable juez Vidal había ido explicando a públicos varios que ya estaban hechas las listas de los jueces y funcionarios fieles, a aceptar o promocionar, y las de los que se deberían purgar. Junqueras anunció el resultado que se iba a producir: un 60% de participación, un 80% de votos afirmativos, y un 20% de votos negativos, lo que les haría, creía, inmediatamente independientes. El juez Vidal también declaró que Cataluña tenía pactado su reconocimiento como Estado independiente con treinta países.

A los golpistas les preocupó su impunidad. Por ejemplo, pidieron a sus directores las llaves de los colegios, que también iban a ser colegios ‘electorales’, oralmente, negando las peticiones por escrito. Se instalaron tractores y vehículos pesados en lugares estratégicos para dificultar en su momento el paso a la Policía (medida eficaz en Lérida, por ejemplo, ciudad que quedó con puentes obstruidos y dividida en dos por el Segre). Pidieron que se llevase a votar a ancianos y a niños, pensando en las imágenes a difundir con posterioridad. El operativo policial fue defectuoso. El Ministerio del Interior empezó una lógica operación para ocupar los colegios desde el viernes anterior según orden de la Fiscalía, y luego una juez cambió el criterio, ordenando de modo ingenuo que se respetasen el fin de semana unas supuestas ‘actuaciones docentes’ en los colegios y que la orden del desalojo se retrasara al domingo, el 1-O, a las 6 de la mañana; y encomendaba el desalojo en primer lugar a los Mossos d’Esquadra. Trapero, pésimo policía, dio ordenes de dejar hacer e ignorar la orden judicial, bajo el pretexto absurdo de que provocaría disturbios intentar impedir la votación.

Pero les preocupaba especialmente asegurar su propia impunidad

La Policía Nacional y la Guardia Civil intervinieron, ante la pasividad de los Mossos, con tiempo perdido y solo en algunos lugares. Los golpistas, sin junta electoral, ni amparo legal, con un ‘censo universal’ sin control alguno, se llevaron las urnas chinas con sus votos y, desde un lugar desconocido, dijeron haber escrutado aquello y que habían votado dos millones de catalanes. Muy poco creíble, pero yo retuve la imagen mostrada por televisión de Jordi Turull, exultante, repitiendo como un poseso que el mundo habría visto ya "una nación en pie". A mí me pareció un esperpento organizado por políticos de increíble ineptitud e irresponsabilidad.

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