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Otegi el secuestrador

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 24/10/2021 A LAS 05:00
Arnaldo Otegi.
Arnaldo Otegi.
Javier Etxezarreta / Efe

Como si fuera un eslogan publicitario imbatible, todo está conectado.

En el mundo del entorno de ETA y en las entrañas del Gobierno se habla el mismo lenguaje desde enero de 2020, cuando Pedro Sánchez, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, agradeció a Bildu su respaldo en la investidura. A partir de ahí, llegó todo lo demás, incluidos los traslados exprés de los presos a las cárceles cercanas al País Vasco y el traspaso de la competencia de prisiones al Ejecutivo de Vitoria. Como anticipo, el pacto entre Bildu y el PSOE en Navarra, negado tantas veces por el presidente y que genera inquietud. Con estos antecedentes, la autopista para que circulara Arnaldo Otegi estaba despejada. Lo de menos era la frase de esta semana, esa supuesta empatía con las víctimas tras más de 30 años gritando ‘gora ETA’ con el puño en alto. Lo importante, como siempre en el independentismo, es la estrategia, la soflama, la persistencia sobre una realidad paralela y falsa y la búsqueda de un asidero en las instituciones para intentar lograr una salida mínima ante el horror cometido. Por eso pidieron ayer mismo en las calles la libertad de los presos, los mismos que siguen sin condenar su propia violencia. El problema se agrava cuando desde la Moncloa y desde Ferraz se oculta de manera deliberada la calaña del personaje. Otegi fue condenado por el secuestro del empresario Luis Abaitua, a quien mantuvo durante diez días enterrado en un zulo diminuto y al que obligó a jugar a la ruleta rusa. Un tipo despreciable que jamás ha pedido perdón a su familia y que se ha negado a condenar todos los atentados de ETA, uno por uno. Todos, incluido el de Santa Pola, cuando los terroristas asesinaron a un jubilado y a una niña. Así las gasta Otegi, el ‘hombre de paz’ del que habló el expresidente Zapatero. ETA no se moverá jamás de la justificación de su historia de fascismo y sangre porque, de lo contrario, significaría reconocer que el abominable tiro en la nuca fue, simplemente, el modus operandi de un banda de asesinos de una crueldad infinita. Por eso se empeña Otegi en agarrarse al supuesto conflicto que solo reside en su cabeza y en la de todos aquellos que jamás entendieron la verdadera esencia de ETA y que ahora tampoco alcanzan a ver o prefieren obviar la artimaña del secuestrador.

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