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Constitucionalidad confusa

Por
  • Jesús Morales Arrizabalaga
OPINIÓNACTUALIZADA 15/10/2021 A LAS 05:00
'Constitucionalidad confusa'
'Constitucionalidad confusa'
Heraldo

Las instituciones de la Unión Europea andan revueltas y su incomodidad es reproducida por el europeísmo de salón, ese que reduce el mundo a dos posiciones: o conmigo o contra mí. 

Como si el ‘europeísmo’ fuese cosa que se pudiese plantear como alternativa binaria. Si el partido gobernante en Polonia es de extrema derecha –que lo es o al menos lo parece– tenemos la tormenta perfecta.

En las crónicas que he leído y oído apenas hay datos concretos, lo cual hace pensar en unas explicaciones originarias que los demás nos limitamos a repetir. Tampoco es novedad. Pero se ha planteado como prueba del avance de una extrema derecha antieuropeísta que habría que ‘combatir’, y eso le da una relevancia que creo no tiene.

Hablamos del dictamen del Tribunal Constitucional polaco, de 7 de octubre de 2021 (K 3/21), sobre la pregunta que le plantea su primer ministro acerca de la compatibilidad de determinadas disposiciones del Tratado de la Unión Europea con la Constitución de la República de Polonia. El sistema de información del tribunal polaco permite acceder a dos documentos: el que contiene la parte dispositiva o decisoria y otro más extenso en que se desarrollan sus fundamentos; pueden localizarse fácilmente buscando con la cadena ‘Ocena zgodności z Konstytucją K 3/21’. Me centro en el extenso; tiene dos bloques: uno se concentra en la regulación del nombramiento de jueces (que no tengo criterio para analizar) y otro, previo, en que se plantean cuestiones generales de constitucionalidad que merecen una atención que no he visto hayan recibido.

Se ha criticado un dictamen del Tribunal Constitucional de Polonia como antieuropeísta, pero la argumentación de los magistrados polacos está señalando una insuficiencia real de la legitimidad democrática europea

La posición polaca no es nueva: el razonamiento central de 2021 arranca de una sentencia de 2005 (K 18/04). Sobre esa base doctrinal se afirman tesis que no creo puedan ser descalificadas sin más: desde 2005 en Polonia entienden que hicieron transferencia parcial de soberanía polaca a las instituciones europeas, lo cual las define como delegadas y subordinadas. Pero Polonia ‘conserva las funciones de un estado soberano y democrático’. La duda que plantea el primer ministro consiste en saber si la ‘nueva etapa de cooperación cada vez más estrecha’ a la que aluden los textos europeos está provocando un deterioro de esa soberanía polaca.

Es sorprendente la ligereza con la que aceptamos transferencias de soberanía hacia las instituciones de la Unión, siempre confusas y nebulosas. Han sido reformas constitucionales sin el trámite de la reforma de la Constitución. Muchos de los conceptos centrales de la constitucionalidad europea no son precisos. Como se han colado de tapadillo, carecen de suficiente legitimidad democrática. Cuestiones como la pérdida de la condición de supremo de nuestro Tribunal Supremo ¿no debieran haberse sometido a referéndum de manera expresa? Las instituciones europeas actúan como soberanas-superiores, pero son en realidad delegadas, es decir, subordinadas. ¿De dónde les vienen sus competencias si no es por delegación de los Estados soberanos? Eso es lo que plantean las instituciones polacas. A mí me parece una duda razonable.

La políticas comunes se improvisan; su formulación es tan débil que en la crisis aparecen las políticas nacionales de los países salvadores (Alemania, Francia...) que son las que se ejecutan.

Dediquemos una reflexión final al sistema judicial de la Unión Europea. ¿Acaso no vemos que está apenas abocetado? ¿Que hay tribunales que corrigen a nuestros Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional? ¿Que la ejecución de una euroorden depende no de un ordenamiento común sino de los criterios distintos de jueces nacionales?

El asunto merece una seria reflexión

La unión de Europa tiene muchos ámbitos; unos se ven más claros (el mercado común) otros son inevitables (la ciencia), pero en la mayor parte nos asentamos sobre ficciones y deseos poco consistentes. Hay que abrir la reflexión explícita sobre la constitucionalidad europea; sobre su articulación con las de los Estados que la integran; la alternativa es la disolución gradual de un modelo insuficiente. Veo el pronunciamiento del Tribunal polaco como un aviso, como el cuestionamiento crítico de conceptos que definen la constitucionalidad europea que todos debiéramos hacer. Si nos limitamos a descalificarlo con un par de tópicos, solo tendremos simulacros de análisis y argumentación como el que rodeó al ‘brexit’. Esa lección debiera estar aprendida.

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