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Transformaciones posibles: una nueva oportunidad

Por
  • Natalia Clúa Longás
OPINIÓNACTUALIZADA 12/10/2021 A LAS 05:00
Vista panorámica desde la última planta del edificio de Torre Zaragoza
'Transformaciones posibles: una nueva oportunidad'
Toni Galán

Desde el despertar, nuestras vidas se desarrollan amparadas en entornos arquitectónicos.

Su calidad, eficacia y funcionalidad posibilitan el desarrollo y desempeño de nuestras actividades, con mayor o menor satisfacción en función de la calidad de los espacios en los que se desenvuelven.

La arquitectura no se limita al manejo de recursos técnicos o de diseño, sino que, a través de la interpretación del entorno en el que se inscribe y del momento en que se formula, es capaz de dar respuesta a las necesidades de la sociedad a la que sirve.

La arquitectura tiene la capacidad de establecer relaciones entre los edificios y hace posible la aparición del espacio urbano; la calle, la plaza, el parque, el paseo… que no dejan de ser entornos arquitectónicos en los que se produce el encuentro ciudadano, objetivo fundamental de la ciudad.

Zaragoza es resultado de una amplia superposición cultural. Desde Salduie hasta la Expo 08, romanos, árabes, guerras, industrialización y exposiciones universales, entre otros hitos determinantes para la configuración de la ciudad actual, han definido su esquema urbanístico y fijado referentes arquitectónicos característicos sumados a nuestra memoria colectiva. Hoy nos reconocemos en espacios y edificios como: el Pilar y la calle Alfonso, el museo Provincial y la plaza de Los Sitios, la Cámara de Comercio y el Parque Grande, Capitanía y la plaza de Aragón, el paseo Independencia, Puerta Cinegia y la plaza de España, los palacios de Sástago y Luna y el Coso… El equilibrio urbanístico resultante, que configura el paisaje de la ciudad, ha hecho que Zaragoza sea reconocida como una de las ciudades con mejor calidad de vida del país. A ello han contribuido actuaciones recientes como los desarrollos urbanos hacia el sur, la consolidación de los barrios del norte, la renovación de infraestructuras o la transformación de la ribera del Ebro que ha supuesto la Expo 08, convirtiendo el río en un espacio de centralidad entre dos Zaragozas.

Hoy cabe preguntarse: ¿Cuáles son las oportunidades de Zaragoza? ¿Qué hechos relevantes debe aprovechar para seguir alcanzando sus objetivos de desarrollo?

La arquitectura es capaz de procurar soluciones en el marco del entendimiento social entre la política, la cultura y la economía, anticipando nuevas realidades.

El paso del Huerva por Zaragoza supone una herida urbana desde su entrada por la Fuente de la Junquera hasta su soterramiento en la Gran Vía, y desde su afloramiento en Cesáreo Alierta hasta su desembocadura, único tramo incorporado por el parque Bruil. Una ribera olvidada que aparece y desaparece rompiendo la trama urbana, provocando espacios residuales inseguros y poco atractivos. La regeneración del cauce supondría el cosido de ambas orillas a lo largo del eje norte-sur de la ciudad, dotándola de un espacio verde continuo atractivo y singular entre el centro urbano, el río Ebro y el parque Grande.

Otra posibilidad, menos concreta e igualmente necesaria, es la rehabilitación residencial. Alrededor del 40% de las edificaciones residenciales de Zaragoza tienen más de 50 años de antigüedad. Con la rehabilitación integral de las construcciones y de su entorno urbano inmediato, podríamos optar a nuevas iniciativas europeas, como la ‘New European Bauhaus’, que tiene como lema ‘Belleza, sostenibilidad, juntos’ y defiende: "Decir hermoso es decir unos espacios inclusivos y accesibles. Decir hermoso es decir soluciones sostenibles. Decir hermoso es hablar de experiencias enriquecedoras", dotadas de fondos europeos ‘Next Generation UE’.

La tercera opción para Zaragoza puede venir de la mano de convertirse en co-sede de los Juegos Olímpicos de invierno 2030 junto con Barcelona, con la culminación de infraestructuras de comunicación actualmente pendientes de conclusión, más allá de la implementación necesaria en la ciudad.

Se puede decir que Zaragoza es una ciudad de oportunidades. Creyendo en ellas y trabajando en todas sus escalas de la mano de la arquitectura, podrán alcanzarse estos y otros objetivos. 

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