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La Ebrorregión

OPINIÓNACTUALIZADA 07/10/2021 A LAS 05:00
Reunión de los Gobiernos de Aragón y Navarra en Ejea de los Caballeros
Reunión de los Gobiernos de Aragón y Navarra en Ejea de los Caballeros
LUIS CORREAS

He leído que de nuevo hay un intento de poner en marcha la ‘Ebrorregión’, como gran área económica del centro del valle del Ebro, que parece resurgir en una minicumbre navarro-aragonesa celebrada recientemente en Ejea de los Caballeros, donde además de los oportunos brindis al sol se habló de cosas importantes entre los presidentes de ambas comunidades, Javier Lambán y María Chivite.

También se aludió a la conveniencia de que La Rioja estuviera presente en estas conversaciones. ¿Llegarán a cuajar en algo verdaderamente serio?

Hace ya unos cuantos años se vivió la idea de conformar un embrión de lo que pudo haber sido una Ebrorregión; las patronales de Aragón, Navarra y La Rioja promovieron la Fundación del Valle del Ebro, a cuyo patronato se incorporaron también las Cámaras de Comercio, las Universidades públicas de los tres territorios y las ocho cajas de ahorro que por aquel entonces existían en la zona.

Con sede en Calahorra, posible centro geográfico y geométrico del intento, la Fundación se propuso unir esfuerzos y centrar su actividad en el desarrollo de la industria agroalimentaria, sin perder la perspectiva de incorporar otras áreas económicas. A tal fin, se planteó la creación de una feria alimentaria común de gran nivel, que nunca llegó a celebrarse; una marca que diera cobertura a la producción de las empresas agrarias de la zona y un curso universitario superior en gestión de esta clase de empresas, auspiciado por las universidades y que llegó a impartir dos ediciones.

La puesta en común, con amplitud de miras, del enorme potencial que puede generar un valle del Ebro articulado económicamente debiera ser uno de los objetivos prioritarios de los planes políticos a largo plazo en Aragón, Navarra y La Rioja

Los respectivos gobiernos contemplaron el proyecto con complacencia, aunque sin entusiasmo, pues ninguno de ellos puso en el asunto más que buenas palabras. Y como siempre, las suspicacias, las ambiciones, los recelos, los personalismos, el chauvinismo autonómico y localista de unos y otros dieron al traste con el proyecto y lo convirtieron en un fracaso, hasta que la Fundación hubo de disolverse en 2013.

Fue entonces la sociedad civil quien tomó la iniciativa de un audaz y ambicioso proyecto, beneficioso sin duda para el desarrollo económico y social de una potente región agroindustrial, uniendo muchos esfuerzos y peleando contra incomprensibles intereses; tengo mis dudas sobre la posibilidad de que ahora, a impulsos del sector público, las cosas salgan mejor. Pese a que, como está poniendo de relieve la realidad, el valle del Ebro se está convirtiendo en un gran centro de proyectos e inversiones multimillonarias en el sector de la alimentación.

Por ello vale la pena dejar constancia de que la puesta en común, con generosidad y amplitud de miras, del enorme potencial que puede generar un valle del Ebro articulado debiera ser uno de los objetivos prioritarios de los planes políticos a largo plazo. Vamos a ver si los poderes públicos son capaces de dejar sus posibles diferencias y pensar en grande; aunque también, una vez más, el sector privado tendría algo que decir.

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