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la firma

Wu wei

OPINIÓNACTUALIZADA 30/09/2021 A LAS 05:00
'Wu wei'
'Wu wei'
Pixabay

Una persona a quien conozco y cuyo nombre no puede ser mentado viene sufriendo un acoso sistemático e institucional por el mero hecho de existir. 

Su fuerza, su saber hacer y su capacidad han provocado a lo largo de los años muchas envidias, tantas como éxitos ha tenido. Sus detractores y detractoras –que son unas cuantas– se han encargado de alimentar su desprestigio. Y han conseguido aliados para causarle el máximo daño posible. Sin embargo, resiste y se mantiene firme en sus convicciones, en su trabajo y en su visión del mundo. En eso es tan potente que se convierte en un problema para quienes le odian y quieren eliminar su nombre y su presencia en cuanto detentan el poder. En ese trozo del mundo, es la pieza a batir. Más de uno y de una querría ver su cabeza disecada y colgada como trofeo de caza. De momento, no lo consiguen. Es más, quienes se han enfrentado –casi siempre con malas artes– terminan enfermos o por el camino hacia la nada.

Este ‘innombrable’ es una fuente de vitalidad y de salud pese a sus achaques. Con la edad ha ganado en sabiduría. Discutimos a fondo, pues tenemos visiones distintas en temas diversos. Pese a ello, compartimos algunos aspectos donde se ha fraguado nuestro mutuo conocimiento. Entre otras cosas ambos entendemos la Vida como don, como tiempo para sembrar, como lugar para buscar la luz y la felicidad, como espacio de responsabilidad compartida donde las diferencias están llamadas a crear harmonía. Por su parte insiste en eso que los orientales llaman ‘vibración esencial’. Por la mía, no le gusta que recuerde que la fuerza del Amor mueve el universo. Como le digo, tiene un conflicto edípico sin resolver que le impide valorar sus raíces cristianas. Sin entrar en disquisiciones teológicas y teleológicas, dicho más simple: estamos para sumar. ¡Bastantes problemas tiene la vida cotidiana como para encima amargarnos la existencia!

El ‘wu wei’, el arte de la ‘no acción’, es un principio de la filosofía oriental del
taoísmo

Me sorprende su capacidad para resistir el acoso institucional al que le están sometiendo. Si no es por un flanco, es por otro. En su entorno laboral sufre el hostigamiento sistemático por parte de quienes gobiernan la institución. Cada una y cada uno de sus acosadores lo hace aprovechándose de la fuerza del puesto y de la jerarquía en la organización. El objetivo principal es echarlo. Algunos incluso lo querrían eliminar de la faz de la Tierra pero, pese a que trabajan para hundir su autoestima, resiste. Le siegan la hierba bajo sus pies, pero no cae. Han difamado su buen nombre, desacreditado, ninguneado, excluido y machacado su prestigio… Pero curiosamente no vencen su resistencia y su saber hacer. Sigue estando en primera línea, cosa que ni es fácil ni es admisible que sea motivo de envidia y acoso.

La gestión de las instituciones, si es sana, está orientada al servicio. Cuando este diseño se pervierte en mero beneficio individual, se transforma en abuso de poder. Por eso, molesta que alguien muestre las vergüenzas y no se achante. El acoso institucional es más beligerante hacia quienes conocen el pasado del ‘poderoso’ de turno. Quienes tienen memoria son una amenaza para quienes llegan a mandar por atajos y puertas traseras. Debilita su estatus y no lo permiten.

Y puede convertirse en una guía para resistir personalmente ante
situaciones injustas. Se trata de mantenerse firme pero sin reaccionar 

La respuesta de este innombrable es una apuesta. La resume con la idea taoísta del ‘wu wei’. Dice que se traduce como ‘no acción’. Esto es, no actuar. Ocupa su lugar, se mantiene firme pero no fuerza, deja fluir. No entra en las difamaciones, no responde. Pero no es un ‘no hacer’. Y lo explica con el ejemplo de las plantas y el agua. Simplemente crecen, se ‘mueven’, sin forzar. Sus raíces empujan a ocupar su espacio sin perder energía peleando contra una piedra o una rama de un árbol. Como el agua, con paciencia. Resisten y buscan el equilibrio en el medio. Por tanto, su respuesta al acoso no es la pasividad, ni la batalla contra las difamaciones: es dejar que cada verdad ocupe su sitio, la suya también. Es difícil. No pone la otra mejilla, ni se queda parado. No hace, cuando alguien espera una reacción. Y justo eso aviva la ira y la culpa en sus acosadores. En fin, ‘wu wei’. Bien difícil.

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