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Cartas al director de HERALDO: Humildad ante los desastres naturales

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 27/09/2021 A LAS 05:00
El nuevo volcán de La Palma afronta su segunda noche
El nuevo volcán de La Palma afronta su segunda noche
Ramón de la Rocha

Humildad ante los desastres naturales

¿Qué más nos tiene que ocurrir para que seamos conscientes de nuestra insignificancia?

La naturaleza nos lo recuerda una y otra vez. En poco tiempo, un virus invisible, unas fuertes tormentas, riadas y ahora una erupción volcánica, llevándose por delante vidas, esfuerzos, bienes y recuerdos de toda una vida de trabajo, que vienen a manifestar de lo que es capaz la libertad de expresión de la naturaleza, contra la que poco podemos hacer los simples mortales. Todos estos desastres naturales al parecer no tienen mayor importancia para nosotros si no somos directamente los afectados, y vemos sus efectos en televisión lo mismo que si estuviésemos viendo uno de esos documentales con los que a menudo sesteamos. No es difícil imaginar lo que estará pasando por las cabezas de esas familias de la isla de La Palma que ven en tiempo real cómo desaparece todo aquello que tanto les había costado levantar. No es fácil que ahora mismo les interese mucho lo que se dice en esa tautológica mesa de diálogo entre los gobiernos de España y de Cataluña; tampoco, las ocurrencias de algún miembro, ‘miembra’ o ‘miembre’ del Gobierno o de la oposición; y seguramente mucho menos les interesa en qué quedará cualquier culebrón de esos con los que algunos medios se meten en nuestras casas en medio de continuas ofertas que estimulen el consumo, entre otras muchas e imprescindibles preocupaciones de los españoles. Debería bastar una de estas manifestaciones naturales, recurrentes por otra parte, para ponernos en nuestro sitio y cargarnos de una dosis de humildad, cada vez más necesaria por toda la prepotencia que vamos acumulando. Está claro que lo único que no tiene límites es, y cada vez menos, nuestra estupidez. Pero claro, errar es humano.

Lorenzo Solanas Forcén. Zaragoza

Riesgos

Cierta literatura anglosajona recoge la intuitiva imagen de ‘cabalgar sobre un tigre’ para señalar los peligros asociados a semejante atrevimiento. No es descartable que todos podamos a veces vernos sorprendidos a lomos de un felino súbito sobrevenido sin comerlo ni beberlo. Pero en ese riesgo siempre hay quien gana. Si al apego a una emoción simple se van incorporando ingredientes acólitos de ambición y oportunidad, la probabilidad de atasco en el laberinto de los días aumenta hasta hacerse ya inviable otro estatus. La lucidez, si se ha dispuesto de ella previamente, se vuelve irreversible y la ceniza de la estupidez, asociada a magmas interiores, ciega el camino a salidas honorables. No es improbable que sea esa la situación de Puigdemont.

Javier Turrión Berges ZARAGOZA

Las víctimas de la casa cuartel

El 11 de diciembre de 1987 un ruido ensordecedor salía del barrio de la Jota y despertaba a toda la ciudad. Eran las 6 de la mañana cuando el fragor y las llamas llenaron el edificio de la casa cuartel en la avenida de Cataluña. La onda expansiva de un Renault 18 cargado con 250 kilos de amonal derribaba gran parte del edificio. En aquellos amasijos de acero y ladrillo, once personas permanecían con sus cuerpos destrozados, cinco eran niñas. ¿Qué puede llevar a alguien a hacer algo así, matar sin ningún escrúpulo a seres inocentes? Tampoco sé si son mucho mejores aquellos que les apoyan, en su delirio separatista homenajeando a la muerte en nombre del sanguinario Henri Parot, cabecilla de aquel terrible atentado. En el parque de la Esperanza, hace unos días, en un acto sencillo y humano, se concentraban en el recuerdo de quienes fueron víctimas del etarra. Mientras, otras personas hacían de él un héroe, a quien le han sido imputados 82 asesinatos. Vivimos en una democracia, a pesar de quienes hablan de dictadura. Es normal que grupos sociales se manifiesten en nuestras calles con diferentes tipos de demandas, pero nunca a favor de quienes siembran el terror y la muerte.

Daniel Gallardo Marín. Garrapinillos (Zaragoza)

Una pregunta

En vista de la total inacción para desalojar una vivienda de un ciudadano, ‘okupada’ por el método de la patada en la puerta y obligando al propietario a hacer frente a los gastos generados por esa vivienda, con la mirada a otra parte del artículo 18.2 por parte de la Justicia, de lo recogido en la ley de leyes, como llaman a nuestra Constitución cuando les interesa, y que dice que "el domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito". A propósito, digo, de esa inacción judicial por ocupación de una vivienda, ¿una persona que no tenga dinero podrá entrar en un banco y llevárselo sin que suponga delito?

Luis Antonio Vallés Gascón. Zaragoza

A un jotero

Aragón tiene muchos y muy buenos joteros, reconocidos con premios en certámenes; pero también tiene otros muchos que no se conocen, que llevan la jota en sus adentros y ponen el alma y el corazón en cada nota, porque es puro sentimiento lo que sale por su boca. Un jotero hay en mi pueblo que empezó tarde en esto del canto, que no ganará premios en certámenes de esos que dan prestigio y solera, ni falta que le hace; él es feliz cantando para todo aquel que lo quiera escuchar. Dicen que para gustos están los colores; por eso, yo no he oído cantar a nadie mejor el ‘S’ha feito de nui’, ni nadie me ha emocionado tanto escuchando ‘Tendí la manta en el monte’ del pastor de Andorra. Miguel, no es profesional del canto y quizás por ello tiene mucho más mérito lo que nos regala; su voz y su emoción. A su edad, va a cumplir 74 años, sigue aprendiendo y espero que nos permita seguir disfrutando de su voz, porque aunque no se le conozca él ya es extraordinario. Felicidades.

Fernando Marcén Letosa. Leciñena (Zaragoza)

Aprendizaje para la vida

He hecho unas etapas del Camino de Santiago, toda una enseñanza para la vida. He conocido personas jóvenes, mayores, válidos, inválidos, de distintos países y todos con un reto común, llegar a Santiago, al Finisterre. «Buen camino», así nos saludábamos, y qué bonito es desear a todos que les vaya muy bien en la vida. Esta tradición milenaria nos recuerda que en nuestro caminar por este mundo, vamos dando pasos que nos acerca a la meta, con tramos de una belleza que agranda el corazón, otros de mayor dificultad, momentos de lluvia y cuesta arriba, y otros de sol y suave bajada. En momentos iniciales buscamos seguridad cargando una pesada mochila y el tiempo nos enseña que nos sobran muchas cosas: la felicidad es ir ligeros de equipaje. La vida es bella. Ojalá la vivamos en compañía, con y para los demás, todos nos necesitamos.

Mercedes Marcuello Franco. ZARAGOZA

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

cartas@heraldo.es

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