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la rotonda

Lo que sea, donde sea y cuando sea

Por
  • Juan José Carrascón Concellón
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 21/09/2021 A LAS 05:00
La ministra Margarita Robles recibe en la Base Aérea de Zaragoza a los últimos militares que han participado en la repatriación de Afganistán.
'Lo que sea, cuando sea, donde sea'
José Miguel Marco

Hace ya la friolera de veinte años que nuestro mundo sufrió un golpe de efecto que cambió para siempre muchos aspectos de índole política, social y económica. 

Mientras estábamos delante de nuestras pantallas, veíamos lo que parecía una película de Michael Bay y sendos aviones de pasajeros se estrellaban en el World Trade Center. Si esta escena nos dejó helados, ver desmoronarse ambos emblemáticos edificios fue algo que, por lo menos el que suscribe no ha olvidado. Tampoco fuimos conscientes del simbolismo de dicho derrumbe. Occidente empezó un lento pero inexorable camino a su declive, al modo y manera que el Imperio Romano y otras grandes civilizaciones ya habían experimentado.

Lo que vino después fue aún peor. El recuento de demasiados cadáveres, la reconstrucción y sobre todo la desconfianza, el temor y la guerra. No voy a entrar en cuestiones éticas y morales, no soy quién para poder establecer qué es lo moralmente correcto. Lo que no podemos negar es que entramos en una espiral de violencia en pro de la defensa de la libertad frente al terrorismo que se ha demostrado infructuosa. No digo que esto fuese malo, ni per se lo debe ser, pero mi pregunta es muy sencilla: ¿somos los denominados países de occidente los centinelas de la libertad?

Yo creo que esa labor mesiánica es un traje blanco que enseguida queda manchado. La prueba, entre muchas, que desmantela esa labor de adalides de la libertad y la justicia fue y es Guantánamo. Por otro lado, si miramos nuestro ombligo estamos llenos de imperfecciones y desde luego apruebo que debamos luchar contra los Estados autoritarios, pero no de manera selectiva puesto que todos sabemos que hay países muy similares a Irak y Afganistán que vulneran sistemáticamente los derechos fundamentales y por intereses económicos nada se hace al respecto. Vuelvo al traje blanco que tan difícil es de llevar.

Al ver la salida de los últimos soldados de Afganistán, lo primero que me viene a la cabeza es la tremenda labor de nuestros militares en un país complejo. Nuestro ejército ha desempeñado una dura labor para poder sacar del país a muchas personas cuya integridad física peligraba, jugándose la vida en situaciones que nos parecen lejanas. Han llevado nuestros colores con orgullo y desde luego con sacrificio y buenas intenciones. Sé de buena tinta que la labor del ejército español ha sido para enmarcar. Mi padre, que durante años trabajó como personal de mantenimiento del Ala 31, lo podría atestiguar.

Ver a cooperantes, militares y voluntarios ayudando a los refugiados y a los
que debían abandonar Afganistán, un país que queda a su suerte,
dan una pequeña esperanza ante el caos imperante

La creación del 301 Escuadrón tuvo lugar el 18 de diciembre de 1973 coincidiendo con la llegada del primer avión T-10 Hércules procedente de Estados Unidos a la Base Aérea de Zaragoza. Tras la disolución de dicho escuadrón se creó el Ala 31 en 1978, nombre con el que sigue denominándose en la actualidad. Desde el primer momento, militares y civiles llevaron a cabo una labor que en momentos fue muy dura, pero gratificante. Al igual que ahora en Afganistán, el ejército con los efectivos del Ala 31 apoyó a zonas de catástrofes naturales, a Cruz Roja o Cooperación Internacional, Naciones Unidas y a otros organismos internacionales.

El último soldado ha salido de Afganistán. Esa imagen es desoladora. Lo que implica va más allá de una simple intervención militar. Estoy convencido de que Occidente y sus principios están cayendo día a día, y que somos incapaces de revisar nuestros errores. El mundo entero sigue en su línea de intolerancia, incomprensión y violencia. Nuestros líderes se pierden en un infructuoso debate interno y cortoplacista, sin buscar un mundo mejor para las generaciones venideras. Sin embargo, una luz ilumina las sombras. Ver a cooperantes, militares y voluntarios ayudando a los refugiados y a los que debían abandonar un país que queda a su suerte dan una pequeñita esperanza ante el caos imperante.

La frase que da título a este artículo es el lema del Ala 31 y desde luego, en estos momentos, debemos hacer nuestra una frase con tanto significado.

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