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Cartas al director de HERALDO: 'La lenta desaparición de la palabra Pirineos'

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 15/09/2021 A LAS 05:00
Vista de un paisaje pirenaico.
'La lenta desaparición de la palabra Pirineos'
José Miguel Marco

La lenta desaparición de la palabra Pirineos

Es sobradamente conocido lo de ‘murmura, murmura que algo queda’ o que una mentira puede convertirse en verdad a base de insistir. 

Lo estamos viendo ahora con la palabra Pirineos, que está desapareciendo poco a poco y pasará a llamarse ‘Pirineus’. La cosa ya viene de antiguo cuando el presidente Pujol, en 1999, utilizó la cima del Aneto, como si fuera suya, cual nuevo Moisés, para proclamar la disolución del Parlament tras una histriónica ascensión: acampó en el parque nacional de Posets, acción prohibida. Como a ciertos niveles todo tiene enmienda, el hecho se camufló de vivac: el Gobierno aragonés no actuó porque no había denuncia y no se podía actuar de oficio. El roe-roe continuó con el nombre de la estación de Lleida, que pasó a llamarse Lleida-Pirineus: se supone que gracias al hecho de que tengan el pico más alto de Cataluña, la Pica d’Estats, y por tanto, según su visión, el más importante de la cordillera. Puede leerse que "es una de las montañas más altas de… los Pirineos, la número 38", Wikipedia dixit. Las 37 precedentes no cuentan. Acostumbrados a estos cambalaches, no sorprende que la petición de las Olimpiadas de invierno 2030 se titule ‘Pirineus-Barcelona’… Adiós Pirineos, adiós. Al menos podrían llamarla ‘Pirineus 38-Barcelona’ para dejar las cosas en su sitio. El momento político autonómico no puede ser mejor para ello. El apoyo del Gobierno se obtendrá sin ninguna duda. No en vano es una minucia comparada con las concesiones anteriores y con las que habrá en el futuro: será un simpático juguetito para los catalanes y mayor gloria de Pedro Sánchez. Mal lo tenemos los aragoneses para arrimar el ascua a nuestra sardina en un momento duro de las estaciones de esquí. No sé si nuestra ministra más próxima nos dará una alegría. Por contra, un Aragonés, aunque parezca mentira, no está por la labor.

Francisco Alós Barduzal. Zaragoza

Quedarse atrás

En Aragón hay cada vez más ricos y ya son casi 14.000. Habría que saber también si cada vez hay más pobres y cuántos miles son. Hemos oído decir al presidente de Gobierno varias veces que nadie se quedará atrás, pero detrás de quienes cobran el salario mínimo, las viudas pensionadas, las subvenciones de 400 euros y las pensiones por debajo del salario mínimo hay personas que se han quedado atrás, y son muchas. Respecto a las vacunas, nos dicen que hay grupos de personas vulnerables porque por edad o por sufrir enfermedades crónicas corren más riesgo de contraer el coronavirus. Del mismo modo, son vulnerables las personas que por sus escasos ingresos no llegan a fin de mes con un saldo a favor en su cuenta bancaria. Ahora dice Pedro Sánchez que cuando acabe el año comprobaremos que hemos pagado por la luz lo mismo que en el año 2018. Esto no se lo cree nadie y dudo de que se lo crea él. ¿Cómo comprobaremos que eso es cierto si no entendemos ni la factura de la electricidad ni cómo se establece el precio que pagamos? Cuando oímos a tertulianos debatir sobre el precio de la luz, cada uno tiene una explicación distinta y no se ponen de acuerdo. Es el único producto que pagamos sin entender el porqué.

Martina Pellejero Cuéllar. Zaragoza

Gente curiosa de mi barrio

En mi barrio, como en todos, hay algunas personas curiosas que llaman mi atención o despiertan mi curiosidad. Una de mis vecinas está empeñada en que no haya charcos en una pequeña zona de tierra que tenemos delante de nuestro edificio, un lugar en el que está prohibido el acceso de coches que no sean de servicios (bomberos, ambulancias), pero en donde siempre aparcan vehículos particulares porque en las calles de alrededor escasean los aparcamientos. Cuando no colocan contenedores, ponen aparcamientos de motos y bicicletas que siguen aparcando en la acera o amplían las terrazas de los bares. La policía multa pocas veces y a los dueños de los coches les sale más barato pagar la multa de 36 euros (la mitad si se paga antes de 20 días) que alquilar una plaza de garaje. Casi todos los días veo a esta vecina rellenando los huecos del suelo y cubriendo los charcos con tierra que coge de aquí, de allá o de una obra, pero su esfuerzo es en balde porque, en cuanto caen cuatro gotas de lluvia, vuelven a aparecer los charcos. Me ha dicho que algunos vecinos le dicen que está loca o le preguntan si busca que la vecindad le pague por el trabajo que nadie le ha encargado. Su excusa es que le gusta tocar tierra y que de ese modo se relaciona con la gente. Sentado en la terraza de un bar, observo a una mujer que se ocupa de limpiar la calle de papeles, bolsas, colillas, cartones y cualquier basura que encuentre, para lo que lleva abundantes bolsas y se pone guantes. La clasifica en unas bolsas según la clase de desperdicio de que se trate y la deposita en las papeleras o en el contenedor correspondiente. Es una limpiadora callejera voluntaria que si la conocieran en el Ayuntamiento, tal vez se les ocurriera organizar brigadas de limpiadores voluntarios en cada barrio, porque los limpiadores contratados no dan abasto con tanto trabajo. A cierta hora de la tarde suele ir al supermercado otra señora que al poco rato vuelve cargada con una garrafa de agua de 5 litros en cada mano. La curvatura de su espalda me dice que lleva haciendo esta labor muchos años, día tras día. Una vagabunda, que duerme en el cajero de un banco, arrastra un carro de supermercado cargado de ropa, mantas, cartones y no sé cuántas cosas más que traslada dentro de la plaza, unas veces lo coloca delante de la entidad bancaria en donde duerme y otras veces detrás de una escultura. Creo que algún día le faltarán fuerzas para llevar tamaña carga de un lado a otro.

Antonio Nadal Pería. Zaragoza

¿Y la factura del gas?

Hace tiempo que el aumento de la factura de la luz a sus récords históricos es contenido imprescindible en cualquier medio de comunicación. A estas alturas parece claro que uno de los principales factores, si no el principal, es el precio del gas que utilizan las eléctricas para generar electricidad. Pero hay que recordar que, además de gas, también se utilizan instalaciones renovables (molinos de viento, paneles solares, presas hidroeléctricas) e incluso centrales nucleares. Entonces, una duda me invade. Si el precio del gas está provocando precios de récord, ¿por qué no se oye el mismo ‘barullo’ mediático con la factura del gas que llega a nuestras casas para calefacción y ACS? En este caso, el 100% del gas natural/ciudad proviene del mismo gas que las eléctricas compran en los mercados internacionales. ¿Por qué se nota tanto en la factura de la luz, donde solo interviene parcialmente, y no en la factura del gas? ¿Alguna idea?

Fernando Ortiz de Solórzano. La Muela (Zaragoza)

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

cartas@heraldo.es

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