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Vidas cruzadas

OPINIÓNACTUALIZADA 11/09/2021 A LAS 05:00
'Vidas cruzadas'
'Vidas cruzadas'
Krisis'21

Año 2002. Logroño. Hospital San Millán. 

Un mismo día, con apenas cinco horas de diferencia, nacen dos niñas con poco peso. Inmediatamente son trasladadas al área de incubadoras para acelerar su desarrollo. Tras empezar a engordar, se decide entregarlas a sus padres. En ese momento se produce "un error humano". Los bebés no son entregados a sus respectivos progenitores, sino que se cruzan. El fallo provoca que las pequeñas acaben en brazos de una familia que no es la suya.

Diecinueve años después, el diario ‘La Rioja’ ha revelado que se intercambiaron sus padres y también unos futuros muy dispares. La infancia y la adolescencia felices, con una familia estructurada y una situación económica desahogada, que le esperaba a la segunda en nacer le fue asignada por error a la más precoz. El fallo involuntario en el sistema de identificación de las recién nacidas truncó para la otra niña un porvenir apacible y lo sustituyó por una situación de riesgo en la que, ante la incapacidad de sus falsos progenitores para hacerse cargo de ella, fue su supuesta abuela materna la que terminó por criarla.

El eje del debate público internacional es hoy la desigualdad

El caso de las dos niñas riojanas, a las que un giro inesperado del destino acabó por intercambiar radicalmente sus condiciones de vida, ilustra a la perfección la imprevisibilidad y la vulnerabilidad humanas. Cada una de las 7.840.000.000 personas que habitamos en el planeta Tierra vivimos de una o de otra forma por el hecho arbitrario de haber nacido en un continente o en otro, en un país industrializado o en uno subdesarrollado, en una democracia o en una dictadura, en el campo o en la ciudad, en un entorno social o en otro, en una familia o en otra, mujer u hombre, con un color de la piel u otro.

Este punto de partida azaroso con el que todos nacemos es precisamente el origen de la tesis de John Rawls, el gran filósofo de la segunda mitad del siglo XX. En su ‘Teoría de la Justicia’ (1971) propuso un ‘velo de ignorancia’ como un hipotético escenario para promover la igualdad y la libertad: todos los individuos, en la posición original, deberíamos estar bajo este velo que nos impidiese saber el lugar que ocuparemos en la sociedad, así como cuál será nuestro punto de partida (rico o pobre, sano o enfermo, afortunado o desdichado). Esa incertidumbre nos haría más racionales y solidarios, nos predispondría a apoyar políticas e instituciones inclusivas que nos asegurasen a todos frente a las contingencias adversas.

Nadie ha hecho nada para merecer las ventajas o desventajas con las que ha nacido. Y, puesto que nadie es responsable de las circunstancias sociales y personales en las que le toca crecer, nadie merece ser recompensado ni castigado a resultas de las mismas. En una variante del caso de las niñas de Logroño que acaba de conocerse, también Rawls vivió directamente el ‘azar de la naturaleza’: sobrevivió a una enfermedad que afectó a su hermano y que a él le dejó indemne.

Para abordarlo hay que asumir que gran parte de las desigualdades no se deben al esfuerzo personal, sino al azar de la naturaleza: en qué país hemos nacido, con qué salud, en qué familia...

Según el profesor de Harvard, no tiene sentido protestar contra la naturaleza o contra nuestro destino por la situación que nos ha deparado, pero sí existen razones para exigir al Estado y a la sociedad que la corrija cuando es deleznable. Una cosa es que alguien nazca con una lamentable discapacidad física o en un medio ambiente pobre, y otra muy diferente que, en razón de ello, el sistema institucional lo condene a la miseria o a luchar toda la vida para superarla.

Objeta el profesor Aragües, en su ensayo ‘De la vanguardia al cyborg’ (Prensas de la Universidad de Zaragoza) que Rawls peca de ingenuidad. No le falta razón. Sin embargo, también es cierto que su teoría del ‘liberalismo igualitario’ es el referente de la filosofía política del último siglo. La desdichada historia de las niñas de Logroño es el último caso conocido que demuestra que, en una sociedad que se quiera justa, todo el mundo debe tener la posibilidad de hacer realidad sus ambiciones, sin que se lo impidan las desigualdades debidas a las circunstancias de su nacimiento o a hechos accidentales.

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