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La realidad es otra

OPINIÓNACTUALIZADA 11/09/2021 A LAS 05:00
Dos trabajadores transportan urnas en el dispositivo electoral para los comicios catalanes, este sábado en Barcelona.
'La realidad es otra'
EP

El escritor Javier Cercas publicó el domingo pasado, en ‘El País’, un artículo en el que dirigiéndose a los independentistas decía que hay solución para Cataluña si empiezan por arrinconar las fantasías y reconocer la realidad. 

La realidad de que España es una democracia y que, por serlo, no es posible decidir en ella lo que a uno le da la gana. En este artículo, sobre el derecho a la autodeterminación, señala que no es aplicable a Cataluña, ya que solo puede serlo en situaciones de dominación colonial o masiva violación de derechos humanos. Cercas, indica, además, que el problema catalán es antes que nada una cuestión entre catalanes y no un problema con España. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, decía el martes en la ‘Cadena Ser’ sobre su rechazo al referéndum de autodeterminación, que hoy no se puede hacer y que hay que poner la verdad por delante.

Las fantasías del independentismo, las manipulaciones y la falta de realismo de quienes aún anteponen la independencia a satisfacer las necesidades ciudadanas, se puede resumir en que la gente se fía más de los sentimientos que de los hechos, de ahí, que la realidad vaya muchas veces por un lado y las votaciones en las urnas por otro.

Una prueba de ello son los resultados electorales en las elecciones catalanas de 2021 que, si se analizan en profundidad, no son para motivar la euforia secesionista de que ya más de la mitad de los catalanes son partidarios de la independencia. Ese porcentaje resulta respecto del total de votantes, pero no del total convocado a las urnas, ya que, con relación al censo electoral el porcentaje independentista se queda en poco más del 27% porque el 46,5% fue abstencionista, más del doble que en las elecciones de 2017. Esto es, que los que no acudieron a votar muy independentistas no parecen, porque si lo fueran hubieran ido. En resumen, ese "más de la mitad de los catalanes son partidarios de la independencia", se reduce a poco más del 27% de todos los catalanes con derecho a voto. Por tanto, en lugar de echar la culpa de todo a España, más valdría que el Ejecutivo catalán se centrara en el bienestar de los ciudadanos y reconociera que unirse a otros para gobernar solo por compartir el sueño independentista no da más votos.

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