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Economía con nubarrones

OPINIÓNACTUALIZADA 30/08/2021 A LAS 05:00
La capacidad exportadora de la industria aragonesa está topando con dificultades.
La capacidad exportadora de la industria aragonesa está topando con dificultades.
HERALDO

El sector servicios, el gran perjudicado de la pandemia por las restricciones a la movilidad de las personas, ha registrado durante este verano una notable mejoría respecto a lo vivido en estos mismos meses el año pasado. 

El turismo es el más claro exponente de esta realidad, marcada por el trasiego de viajeros de punta a punta de España, nacionales que aún contienen las ganas de volar a destinos remotos por falta de garantías y cuyos desembolsos en hoteles, restaurantes y bares han suplido con creces la derrama económica que tradicionalmente dejaban los extranjeros. Agosto ha superado las expectativas, a veces incluso con ese miedo a morir de éxito por la aglomeración de turistas en playas, montañas y ciudades con encanto.

La relajación de las medidas anticovid y la campaña de vacunación han dado confianza a los ciudadanos para moverse con más libertad e impulsar ese consumo que estaba retenido desde el año pasado. Hostelería y comercio, por tanto, se han ido recuperando, si bien hay ámbitos específicos donde la supervivencia se plantea más que complicada. El ocio nocturno no levanta cabeza, y estando la pandemia aún lejos de darse por controlada, las perspectivas no son halagüeñas.

Aragón ha podido resistir el embate de la crisis económica causada por la pandemia mejor que la media española, en gran medida por su menor dependencia del sector turístico, por un lado, y por sus fortalezas en la industria y en el sector agroalimentario por otro. Las fábricas de automóviles y de electrodomésticos recuperaron la actividad después de los meses de parón por el estado de alarma con más rapidez de la prevista, mientras la transformación de los productos del campo ha mantenido su ritmo al tratarse de bienes de primera necesidad, en algunos casos incluso ganando cuota de mercado en países extranjeros.

Las exportaciones, que ayudaron a muchas empresas a superar la crisis vivida tras la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008 y años siguientes, al conseguir suplir la caída de la demanda interna con ventas en mercados exteriores, han sido importantes también en esta ocasión. Aragón ha roto récords mensuales de ventas al exterior desde finales de 2020. El último dato publicado, correspondiente a junio pasado, fue el de las ventas por 1.226,5 millones de euros, lo que supone el valor más alto de la serie histórica en un mes de junio y ha permitido acumular diez meses seguidos de ventas exteriores regionales por encima de los 1.150 millones de euros.

Sin embargo, el buen ritmo exportador se ve amenazado por el encarecimiento de los fletes marítimos a causa de la escasez de contenedores, lo que unido a los problemas de suministro de piezas que se fabrican en Asia está condicionando la actividad de nuestras fábricas, como están poniendo de manifiesto los dos grandes motores industriales de la Comunidad aragonesa, Opel España (del grupo Stellantis) y BSH Electrodomésticos.

La industria, y me refiero ya a un ámbito más amplio, está sufriendo la falta de componentes, pero también el encarecimiento de muchas materias primas (como el aluminio) y no digamos también la estratosférica situación de los precios de la electricidad, cuestión esta que afecta a toda la población pero que hace más daño a empresas y a aútonomos para las que el suministro eléctrico es vital para realizar su actividad. Son estos los nubarrones que cuestionan esa recuperación que todos queremos.

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