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Tristeza, risas y primeros auxilios

Por
  • María Pilar Clau
OPINIÓNACTUALIZADA 28/08/2021 A LAS 05:00
La tristeza y la alegría conforman la vida.
La tristeza y la alegría conforman la vida.
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La tristeza a veces viene a visitarme. 

La recibo con llanto y busco un lugar discreto y silencioso para quedarme con ella a solas. Calla, me mira y espera que sea yo quien le pregunte. ¿Qué vienes a decirme? ¿Por qué ahora? Calla y espera a que responda yo, a que deje hablar a mi convicción. Después sigue callada, pero no se marcha hasta que su mirada y mi respuesta confluyen en un impulso, en una decisión. La tristeza viene a urgirme a actuar, a decirme que no me dé por vencida. Viene a recordarme que deje de reverenciar lo que piensan otros o la fuerza de la costumbre, que solo encubre y atenaza mi propia fuerza. Antes de despedirse, me dice que viva siempre en un nuevo día, que crea en mí y que intente lo imposible.

Mis mayores logros, los que me han proporcionado mayores alegrías, han surgido de esas visitas de la tristeza; mis dos novelas, por ejemplo, o la publicación de estos artículos. No es que desee plasmar mi tristeza en los escritos; la tristeza ya se ha marchado cuando me pongo en acción. Es el impulso que me deja cuando se va, es el valor, es la audacia de hacer algo que sirva a los demás, es la vivacidad. La tristeza es dadivosa. Llega con mala cara pero nunca se va sin dejarme un buen regalo.

La alegría, sin embargo, ni viene ni se va. La alegría está en mí. Mi naturaleza es alegre y risueña. Mi marido se asombra de mi facilidad para reírme de mí misma y para hacerme reír a mí misma. Tengo una memoria muy ocurrente que cuando menos me lo espero me trae recuerdos hilarantes. La risa me ha salvado muchas veces y otras ha puesto en riesgo mi vida. Nuestras comidas en casa son con frecuencia un banquete de risas y eso tiene mucho riesgo. Hace pocas semanas estuve a punto de ahogarme por reírme cuando tenía en la boca un trozo de melocotón. Ya me vi en urgencias. Al día siguiente me inscribí en un curso de Primeros Auxilios. Por si acaso.

La tristeza a veces viene a visitarme. La recibo con llanto y la despido con gratitud. La tristeza siempre viene a recordarme que las especulaciones son grises, pero la vida es azul.

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