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Las penas con jamón...

OPINIÓNACTUALIZADA 27/08/2021 A LAS 10:01
Dos vecinas de Allueva recogen su jamón en el ayuntamiento del pueblo.
Dos vecinas de Allueva recogen su jamón de manos de la alcaldesa en el Ayuntamiento del pueblo.
Ayuntamiento de Allueva

Si las penas con pan son menos penas, con jamón de Teruel no digamos.

La alcaldesa de Allueva se quedó perpleja cuando un redactor de HERALDO la llamó para saber cómo se le había ocurrido la idea de regalar un jamón a cada vecino fijo o con segunda residencia en este pequeño pueblo turolense. Desconocía que ese gesto pensado para fomentar que cada familia pudiera celebrar las fiestas en casa, a falta de comida de hermandad y verbenas por la pandemia, fuera digno de ser noticia para alguien más que los propios agraciados con el pernil.

En medio de la asfixiante propaganda que gastan algunas administraciones públicas, llama la atención la candidez de Pilar Molina y su equipo municipal, quienes no solo se han ganado por el estómago a sus convecinos, sino que, de paso, han dado un buen empujón mercadotécnico al delicioso jamón de Teruel, a la cerámica de la provincia (el regalo incluía una bandeja de barro en recuerdo de estos dos años sin fiestas) y al propio nombre de Allueva.

No estaría de más que cundiera el ejemplo fuera de este rincón turolense y se impulsaran otras iniciativas con buena carga de imaginación que permitieran compaginar la celebración de las fiestas populares a pequeña escala, sin aglomeraciones y a salvo de contagios masivos, pero manteniendo el espíritu de la celebración.

Ya que llevamos dos años sin poder entonar la canción de Ixo Rai "Como todos los meses de agosto...", habrá que aprovechar la ocasión que propicia la covid-19 para dar una vuelta al destino de los presupuestos festivos. Tal vez alguna idea sobreviva y se mantenga en las fiestas de la era postpandemia.

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