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Cetáceos

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 31/07/2021 A LAS 05:00
'Cetáceos'
'Cetáceos'
Pixabay

Sumergirse y flotar son actividades humanas innatas, propias del origen de la vida y de la ingravidez uterina. 

El comportamiento de un recién nacido en el agua es una muestra de ello. También, el de la chiquillería en playas y piscinas, a la que hay que obligar a salir del agua. Por ello, salvo excepciones, creo que la aversión al baño es cultural. Aquí lo llamamos ‘ser de secano’. Y hasta en este caso, si se da la ocasión, lo normal es que un individuo se habitúe de inmediato al medio acuático, aunque haya pasado toda su vida sin contacto con él, como si regresara a un lugar familiar.

Desde luego, cada cual ejerce a su modo esta inclinación, sea bajando despacio las escalerillas de la piscina, arrojándose desde acantilados y trampolines, o compitiendo y batiendo records de natación. Conozco a quien encuentra una especie de serenidad adictiva buceando por la costa mallorquina y, de paso, fotografiando un fascinante universo submarino. Incluso diría que el deseo de viajar al espacio tiene algo que ver con la búsqueda de la ingravidez que gozamos al sumergirnos en el agua.

Y luego están esos especímenes inadaptados que sienten que debimos permanecer en el líquido elemento, en lugar de exponernos al sol abrasador, maltratar nuestras articulaciones sobre el duro firme, o de ir de rama en rama, con miedo a rompernos la crisma en una caída. Para estos seres humanos de esencia cetácea, a quienes, por ignorancia o maldad, se los considera comodones y haraganes, la verdadera expulsión del paraíso tuvo lugar cuando ciertas formas de vida dejaron de habitar los océanos.

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