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El ritual del guantazo

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 30/07/2021 A LAS 05:00
Judo - Women's 63kg - Last 32
Combate de judo entre la alemana Trajdos y la italiana en Tokio 2020.
ANNEGRET HILSE

El entrenador coge con fuerza por los brazos a su pupila y la zarandea sin contemplaciones. Luego le da un par de bofetadas que resuenan como latigazos en el estadio olímpico.

La joven deportista recibe los golpes sin inmutarse. Lejos de sentirse molesta por tamaña agresión, se sube con ligereza al tatami con rostro de concentración, dispuesta a batirse en duelo con su contrincante. Un rumor de reproches e indignación se alza entre los asistentes a la pelea de judo, fase de octavos de final de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 entre la alemana Martyna Trajdos, receptora de los guantazos, y la italiana Maria Centracchio.

También en el patio de vecinos virtual saltan todas las alarmas tras contemplar las imágenes y lapidan al mánager con duras recriminaciones.

En ocasiones, piensa mal y no acertarás.

La muchacha germana se ve obligada a salvar la cara a quien se la ha partido: su entrenador no es un maltratador, aclara después en las redes sociales; le ha pedido que la sacuda y abofetee con firmeza porque forma parte del ritual que ella misma ha elegido para afrontar la competición con más ánimo. Y bien espabilada, cabría añadir.

Sirva de ejemplo para exponer cómo se las gasta ahora el público que llena las gradas del coliseo virtual: a los árbitros y jueces de los Juegos Olímpicos se suma una caterva de murmuradores deseosos de impartir doctrina a la peña, aun sin saber de lo que critican.

Un aviso a entrenadores rudos y deportistas masoquistas: el método de la judoca Trajdos no es efectivo, le metió otra paliza la italiana Centracchio.

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