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Opinión
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en nombre propio

La ley del deseo

Por
  • Javier Lacruz
OPINIÓNACTUALIZADA 19/07/2021 A LAS 05:00
2011 será el Año Internacional de la Química
'La ley del deseo'
HA

Cada vez con más frecuencia se oye decir a especialistas y a profanos el mantra de que "el amor es química"

Otra versión más acabada es la de que los humanos somos física y química; e incluso hay quién se ha pronunciado con más alcance: "Y matemáticas". Lo cierto es que con tan sabias conclusiones los primeros remedan a científicos anclados en el antiguo Cheminova y los segundos, a rebaños de ignaros y papanatas devotos de magos pirujos, en suma, a paletos de alta gama. Uno y otros repiten con más autosuficiencia que criterio y con más creencia que ciencia, eslóganes de un tiempo presente donde el pensamiento –muy debilitado– se reduce a consignas, lugares comunes y fraseos, nutritivos para una gimnasia mental pasiva pero no para una fundamentada sabiduría.

Eso que llamamos humano –eso que es usted o yo– exige un triple enfoque: biológico, psicológico y sociocultural. La química es condición necesaria, pero no suficiente. Lo que nos distingue de los otros animales es nuestra capacidad de deseo. El sujeto humano, en esencia, es un sujeto de deseo. Un sujeto deseante. Desea algo y desea ser deseado. Es más: es un sujeto sujetado al deseo. Atrapado por el deseo. Una vez satisfecho un deseo surge un nuevo deseo en una cadena insaciable e infinita de deseos. Esa es nuestra suerte, esa es nuestra condena. ¡No es química, paletos, es la ley del deseo! ¿Se imaginan ustedes diciéndole al pariente o a la parienta: "Ven aquí mi ‘amol’, que esta noche nos vamos a hacer un enlace covalente".

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