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Barbarie

Por
  • J. L. Rodríguez García
OPINIÓNACTUALIZADA 16/07/2021 A LAS 05:00
'Barbarie'
'Barbarie'
Pixabay

Van a cumplirse diez años de la publicación del mamotreto inteligente y erudito de Pinker que reivindicaba la mejoría de la cordialidad en las sociedades avanzadas. 

Nuestros ángeles salían a ventear como legiones sonrientes. Entonces leí el libro con emoción y estupor. El coloquio democrático facilitaría la disminución de la violencia y las agresiones aquí y allá. Era la herencia de la Ilustración. Ahora, cuando parece que ha transcurrido un siglo –tal es la trampa del tiempo que se retuerce-, entiendo que todo va a peor. Porque la violencia contra el enemigo que hay que imaginar continúa perpetuándose, pero a esta circunstancia se ha sumado una nueva e impensable deriva: alguna gente de nuestra sociedad ya está harta de buscar enemigos extraños y, entonces, lo que se impone es sumar al número de indeseables a los más cercanos. Hace décadas se mataba a los judíos o a los irredentos infieles. Ahora nuestra sociedad ya demoniza toda diferencia e incluso a las personas de la familia para vehicular su odio: el otro ya no es el extraño porque hay gentes que piensan que cualquiera somos el otro que tiene un sitio reservado en el campo de exterminio. Hay más violencia cualitativa… No podemos cuantificar los muertos del siglo XX, ni del XIX, ni del imperio azteca de López Obrador. El horror… Me temo que la sociedad democrática no ha avanzado en la curación de la barbarie. Esta semana hemos contemplado con horror, yo al menos, como se linchaba a un joven en A Coruña. Y degollamientos en Amsterdan y otras ciudades de América. Los ángeles de Pinker se han cansado.

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