Opinión
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  • Fernando Sanmartín

Lejos de lo mismo

Comisaría de la Policía Nacional en el paseo de Teruel de Zaragoza donde se tramitan los DNI.
'Lejos de lo mismo'
Aránzazu Navarro

Hay que renovarse. 

De lo contrario, la monotonía es un francotirador que nos dispara una y otra vez desde su azotea. Las plantillas de fútbol se renuevan. Y los escaparates. También las formas de ocultar la tristeza o el miedo. Cambian las alergias, los tratamientos de belleza y el ataque de la mosca negra.

Me encuentro a una conocida y me anuncia que se va de viaje al Cabo de Gata, y que se bombardea a cervezas cada tarde. No la reconozco. Tiene dos hijos de veinte años y me confiesa que, como las energías limpias, se ha renovado. Y añade, ojo, que está en trámites de separación porque su marido es un “fúnebre” y un “anticlímax”. ”Muchos días son ahora para mí una Nochevieja”. Así me lo dice. Casi nada.

Un amigo, que es profesor, quiere renovar su forma de dar las clases para que no se le amodorren los alumnos. Aburrir, en educación, es peor que una plaga de cucarachas. Aunque tampoco se trata de cantar en clase la Macarena.

Y Pedro Sánchez renueva sus manuales de paracaidismo y asimila como nadie a Francis Picabia, quien afirmó que la cabeza es redonda para que las ideas puedan cambiar de dirección. Sánchez reordena la normativa sobre los fueras de juego mejor que la FIFA.

Yo, esta semana, también he renovado algo esencial: mi carné de identidad. Fui sin fotos y tuve que irme de la comisaría para hacérmelas en un fotomatón, que es lo más parecido a una cueva rupestre. Salí en esas fotos con aspecto de tipo inclinado al alcohol. Las tiré y me hice otras en un estudio profesional. Mejoré mucho.

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