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la rotonda

Cámaras y paradojas pandémicas

Por
  • Eva Sáenz Royo
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 04/07/2021 A LAS 05:00
Senado.
'Cámaras y paradojas pandémicas'
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Según investigaciones científicas, el proceso del pensamiento supone una doble transformación. 

A partir de la información proporcionada por los sentidos, nuestro cerebro realiza una generalización de las percepciones que luego se transforma en un concepto o idea. Por eso, cuando recibimos una información, nuestro cerebro la procesa con el material almacenado en él, la transforma en una generalización y al reproducir la información la misma varía respecto al original. A veces la variación es de tal calibre que la idea deja de tener relación con la realidad. El problema surge cuando los teóricos nos empeñamos en priorizar esa idea sobre la realidad y desconocemos lo que la realidad nos dice. Es entonces cuando nuestro papel puede generar más problemas que resolverlos. Eso es lo que ha ocurrido con nuestra idea del Senado o con nuestra idea de los órganos de cooperación ‘territorial’.

Madison, en 1788, desde su observación de la realidad, distinguió conceptualmente los intereses políticos y los intereses territoriales y luego trató de trasladar esa distinción conceptual a la realidad mediante el bicameralismo. La Cámara de Representantes representaría al pueblo en su pluralidad política, mientras el Senado representaría a la pluralidad territorial. Pero la experiencia ha demostrado que esa distinción conceptual poco tiene que ver con la realidad, porque lo que nuestro cerebro distingue la realidad se empeña en confudir. De hecho, en las Cámaras de Representantes, y en nuestro Congreso también, se reflejan los intereses políticos y los territoriales. La preponderancia de unos sobre otros dependerá del sistema electoral y del sistema de partidos. Así, por ejemplo, por efecto de nuestro sistema electoral para el Congreso, esta cámara se ha convertido en la sede principal de defensa de los intereses territoriales de las comunidades autónomas con gran implantación nacionalista, es decir, fundamentalmente Cataluña a través de CIU y el País Vasco a través del PNV.

Lo que la pandemia nos ha enseñado es que, además de que el Senado sigue sin
servir para nada, también los órganos de cooperación supuestamente ‘territorial’
se pueden convertir en órganos de representación de intereses políticos

Lo que la pandemia nos ha enseñado es que, además de que el Senado sigue sin servir para nada –he ahí su papel en la Ley Celaá, que no modificó ni una coma–, también los órganos de cooperación supuestamente ‘territorial’ se pueden convertir en órganos de representación de intereses políticos. Casualmente, en las votaciones en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud durante la pandemia ha habido una alianza entre los territorios gobernados por el partido del gobierno frente a los territorios gobernados por el partido de la oposición. El poder territorial ha servido tanto como plataforma para hacer oposición política al gobierno del Estado como para darle su apoyo. Todo en virtud del partido gobernante en cada autonomía. Por tanto, los intereses partidistas han primado sobre los territoriales en un órgano supuestamente de ‘representación territorial’.

Así pues, llegamos a la siguiente paradoja. El Congreso es nuestra cámara de representación territorial, con un partido como Ciudadanos moribundo y un fortalecimiento del papel de los partidos nacionalistas. El Senado es una cámara determinada por la dinámica partidista que poco aporta a nuestra democracia. Y durante la pandemia la oposición política al gobierno se ha articulado a través de un órgano de cooperación ‘territorial’.

Y frente a esta contundente realidad, que no hace sino ratificar la imposible distinción entre intereses políticos y territoriales, todavía leo a intelectuales alemanes que, para justificar su Senado, tratan de disgregar lo indistinguible, o a intelectuales españoles que se sorprenden de que la realidad no se ajuste a su idea.

Será verdad eso que decía Alexis de Tocqueville de que los teóricos suelen ceder "a la necesidad de adaptar los hechos a las ideas en lugar de someter las ideas a los hechos". Más valdría que también los teóricos dejáramos nuestras ideas –e intereses– a un lado y nos fijáramos un poco más en la realidad. Buen verano.

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